Los bombardeos israelíes en los puentes que llevan al sur del Líbano han creado colas kilométricas de desplazados que esperan para poder volver a sus casas tras el alto el fuego que entró en vigor el pasado viernes. EFE / Edgar Gutiérrez

Bombardeado apenas unas horas antes de que entrara en vigor el alto el fuego la medianoche del jueves, el puente de Qasmiye pende hoy de un estrecho hilo de tierra. Por este paso apenas logran colarse algunas motocicletas o personas a pie, resultando una barrera infranqueable para los miles de vehículos de desplazados que intentan regresar al sur del Líbano. Durante las semanas previas al cese de hostilidades, los cazas israelíes destruyeron sistemáticamente los cruces sobre el río Litani con el objetivo estratégico de cortar las vías de acceso de Hizbulá, una medida que ahora obstaculiza el retorno de las familias a la región más meridional del país.

Atascos y rutas alternativas hacia el sur

Ante la enorme zanja que bloquea el puente principal, los conductores se ven obligados a desviarse hacia un puente secundario parcheado por el Ejército, generando colas kilométricas. Zahra, una desplazada que intenta llegar a su localidad natal de Tayr Debba, asegura estar decidida a esperar las horas que hagan falta: «Quiero pasar a recoger ropa y cosas porque no tenemos nada, llevamos casi dos meses sin nada». Como muchos otros, Zahra no planea quedarse definitivamente todavía; su fe en que la tregua aguante más allá de los diez días confirmados es limitada, y solo después de ese periodo inicial decidirá si volver permanentemente o seguir desplazada.

La ventaja de las motocicletas en la zona de conflicto

Previendo las dificultades para cruzar el Litani, algunos ciudadanos como Fadi Abu Shaz han optado por viajar en motocicleta para escapar de los atascos. Fadi pretende llegar a Burj al Qalaway para evaluar los daños en su vivienda tras la campaña de bombardeos iniciada el pasado 2 de marzo. A pesar de que la Autoridad del Río Litani ha anunciado la instalación de un puente levadizo en Tayr Felsay para facilitar el flujo, la desconfianza reina entre los retornados. «Ahora está tranquilo y tal vez vuelve a escalar», anota Fadi, quien cuestiona la estabilidad del panorama internacional bajo la administración de Donald Trump.

Los bombardeos israelíes en los puentes que llevan al sur del Líbano han creado colas kilométricas de desplazados que esperan para poder volver a sus casas tras el alto el fuego que entró en vigor el pasado viernes. EFE / Edgar Gutiérrez

Suministros y la esperanza de un retorno definitivo

A pesar de la destrucción de la infraestructura, algunos desplazados se sienten preparados para lo que encuentren al otro lado del río. Said Issa, quien se dirige hacia Siddiqin, viaja con suministros extra y hasta con sus mascotas —dos pájaros enjaulados que le han acompañado en cada desplazamiento desde 2023—. Mientras el primer ministro libanés, Nawaf Salam, promete apoyo gubernamental para restaurar los servicios básicos y garantizar el abastecimiento, la incertidumbre persiste sobre las localidades fronterizas. «Si nos permiten volver», sentencia la esposa de Said, recordando que para muchos libaneses, el hogar definitivo en aldeas como Ramyah sigue dependiendo de la evolución del conflicto.

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