Miami.- La escritora estadounidense de origen peruano Melissa Rivero, que tardó siete años en escribir «Los Falcón», su novela debut sobre una familia inmigrante en Nueva York, con la que rinde tributo a su madre, afirma que, aunque logró «el sueño americano», eso no le dio «toda la felicidad».

«El sueño de un inmigrante siempre es poder estudiar; yo había logrado el ‘sueño americano’ pero no me daba felicidad», dice rotundamente en una entrevista con Efe Rivero, quien dejó la abogacía para dedicarse a la literatura.

«Los Falcón» (Vintage Español) narra la historia de Ana Falcón, su esposo Lucho y sus dos hijos pequeños en el Nueva York de la década de los años 90, y fue escrita y publicada originalmente en inglés con el título de «The Affairs of the Falcóns».

Rivero recibió buenas críticas por la versión original, ganó el Premio New American Voices el año pasado y fue nominada para el Aspen Words Literary Prize y los premios del Center for Fiction y PEN/Hemingway, ambos para primeras novelas.

El regocijo de Rivero, madre de dos niños varones, con un marido polaco que la «comprende y apoya», y confinada por el coronavirus entre cuatro paredes de un apartamento en Brooklyn, es que «personas como Ana y Lucho ahora lo podrán leer».

«Es muy especial pensar que (la novela) existe en el idioma que los personajes hablarían, que la comunidad peruana la pueda leer», remarca Rivero.

Las mujeres guerreras

«Los Falcón» presenta el «mundo» peruano a través de la gastronomía, para adentrarse en una historia de supervivencia protagonizada por «mujeres guerreras».

«Mi mamá, mis tías son mujeres guerreras; para mí es importante enseñar eso en el libro, que la gente se vea ahí», explica.

Rivero llegó a este país de la mano de sus padres en 1981, cuando tenía poco más de un año de vida. La también abogada afirma que la persecución a los inmigrantes «no es un tema nuevo».

«En los 80 Inmigración tocaba a tu puerta, me acuerdo de eso. Lo que le pasa a Ana sucede en los 90 y no es algo nuevo», recalca.

Su madre, originaria de la Amazonía peruana, a diferencia de su padre que era de la ciudad portuaria de Callao, trabajó en varias fábricas en el Nueva York de los años 80 y en la década siguiente se dedicó a cuidar personas de la tercera edad.

«Mi mamá siempre me contaba la historia de lo que le pasó a ella cuando estaba indocumentada en los primeros años de llegar a este país. Empecé a imaginar lo que había sentido y de ahí salió la protagonista, Ana», rememora.

En poco tiempo, Ana se encuentra endeudada con una prestamista y sus largos turnos de trabajo en la fábrica son cada vez más agotadores, pero se mantiene firme en rehacer su vida lejos de su país.

«Sendero (Luminoso, banda terrorista de perfil maoísta) es la razón por la que Ana dice que no quiere regresar. El libro toca la violencia de Sendero», detalla la autora.

«Ella quiere rehacer su vida acá, su marido sí quiere regresar», apunta esta mujer de «39 años sin contar este», graduada de la Universidad de Nueva York y de la escuela de Leyes de Brooklyn.

La editora Alexandra Torrealba indicó que en la traducción del libro se buscó «mantener la integridad del idioma y la cultura».

«En la historia, Ana y su familia provienen del Perú, y para Vintage Español fue crucial trabajar con el traductor y la autora para asegurar que el idioma de los personajes, así como otras cuestiones culturales, se respeten en el texto», detalla Torrealba.

La necesidad de crear

Rivero aclara que no se trata de una biografía de su madre, «Yo quería ver cómo la protagonista navegaba en el mundo. No era mi mundo ni sabía lo que era ser indocumentada», matiza.

«Dejé el estudio (bufete de abogados) donde trabajaba y volví a tomar clases de escritura. Empecé a poner atención a mi mundo: mis hermanos, mi mamá, mi comunidad, y puse en el papel esta historia».

La autora afirma haberse «fascinado» con Ana como personaje.

«Tenía muchos eventos… y todos cancelados. Ahora tengo este», apunta la novelista por teléfono desde Nueva York.

Su madre, que se llama Zadith Rivero, ha leído «un capítulo o dos».

«Le ha sorprendido un poco todo lo que está pasando con el libro; ahora lo va asimilando. Creo que ella está orgullosa, pero nunca me lo dice. Aunque sí me lo dice, pero en la comida», relató.

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