Montevideo, Uruguay. Micrófono en mano, con la sororidad y la inclusión como banderas, las raperas uruguayas se unen para dejar atrás los prejuicios de un género dominado por hombres y abrir paso a una nueva forma de hacer hiphop que, esperan, encienda la mecha en otros países de Latinoamérica.

Si el dúo OutKast, los mexicanos Molotov y la banda uruguaya La Teja Pride tienen algo en común más allá del género que comparten y el éxito de su música es que todos ellos son grupos integrados solo por hombres.

No hay que estudiar al detalle la historia de la cultura nacida en el Bronx de Nueva York en la década de 1970 -que tiene en raperos como Kanye West, Drake o Snoop Dogg algunos de sus máximos exponentes- para advertir que las raperas mujeres son más difíciles de encontrar.

ELLAS TAMBIÉN RAPEAN

Así lo expresa en diálogo con Efe la rapera uruguaya Eli Almic, quien recuerda cómo en sus inicios no encontrar referentes mujeres la hizo dudar sobre meterse en un género que no conocía pero le despertaba interés por ser un canal donde expresarse de forma «cruda» y «sincera».

«Me costó largarme al principio porque empecé a ir a fiestas de hiphop y veía batallas de hombres en general, veía muy pocas raperas, entonces eso me daba un poco más de miedo», apunta, y añade que a veces son «símbolos» vinculados a la hombría presentes en el rap los que resultan opresivos para mujeres o disidencias (trans, no binario).

Una historia algo diferente cuenta la «MC» o vocalista colombiana Valencia, que, radicada en Uruguay desde 2014, creció rodeada de «hiphoperos» ya que su familia tenía una «crew» y se lanzó de pequeña a practicar el «break dance».

Sin embargo, Valencia, que integra hoy la banda afrofeminista Se Armó Kokoa (SAK), no conocía, más allá de su madre, a ninguna mujer que rapeara en su localidad y se animó a hacerlo al mudarse a Montevideo, cuando empezó a escuchar a otras mujeres como las venezolanas Mestiza y Neblina y se metió en la escena local.

La poca visibilidad de las mujeres que hacían hiphop fue asimismo para la colombiana un detonante más que llevó a que su primera canción tratara sobre un tema tan cercano y doloroso como el de la violencia y el secuestro que sufrió su prima Jiseth, desaparecida desde hace 12 años.

«Ella fue gran parte de mi inspiración para empezar con el rap porque es mujer, porque soy mujer, porque vivimos la misma violencia», señala.

TODAS LAS BRUJAS

Para la multifacética cantante, actriz y compositora Elisa Fernández, más conocida por su nombre artístico Eli Almic, el aliento de la lucha feminista que, dice, está «cambiando el mundo» y haciendo que las mujeres estén más presentes en todos los ámbitos, es fuente de inspiración a la hora de rapear.

Si bien indica que para ella son «una puerta de entrada», la artista explica que tiene dos canciones «puramente feministas», «Brujas» y «Ayuda», en los que aborda sin tapujos los femicidios, los abusos intrafamiliares y el acoso callejero que viven las mujeres.

El caso de «Brujas» es particular ya que el tema, cuyo estribillo entona «Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar», se ha convertido en una especie de himno del movimiento feminista en el país coreado en las marchas del 8 de marzo.

«Yo deseaba que fuera así, que llegara, que gustara, que pudiera generar algún tipo de empatía, que no me hiciera bien solo a mí pero no esperaba quizás tanto porque era la primera vez que me estaba animando a hablar de eso», expresa, y agrega que quiere seguir abordando estos temas.

SOONA

Considerada tanto por Eli Almic como por otras raperas como la «madrina» del hiphop uruguayo, Viki Style se mueve en el género desde hace unos 17 años y, además de SAK, integra la agrupación Soona, un proyecto que surgió en 2019 para nuclear a mujeres y disidencias del rap local.

Según Style, la «colectiva», que hoy tiene 22 integrantes, fue clave para que aquellas que creían estar aisladas en un entorno lleno de varones se encontraran con otras y, dice, ahora son cada vez más.

«No me cabe ninguna duda de que hay muchísimas pibas que están haciendo su rap y que andan en las rondas del freestyle (estilo libre). Hoy por hoy hay batallas de freestyle por todas las plazas y estoy segura de que hay muchas pibas que están», acota, y subraya que con su vasta experiencia siente el compromiso de ayudar a quienes empiezan.

En esto coincide Miel Monestier, otra rapera de Soona, quien explica que el grupo, cuyo nombre significa «comunidad de la Luna» en la lengua otomí, procura ser diverso y reunir tanto a mujeres como a disidencias que quieren alzar su voz contra las injusticias.

Con el fin de dar a conocer su arte, el grupo ha impulsado así tanto la difusión de proyectos individuales como creaciones colectivas que plasmaron en tres videoclips y, según Eli Almic, se posiciona políticamente como feminista y a favor del aborto, por ejemplo.

Monestier estima, por otro lado, que si bien no conocen otros colectivos como el suyo, saben que en Chile hay un proyecto similar y el grupo espera que otros países de Latinoamérica impulsen el cambio que en Uruguay, por ser «más chico», se dio más fácilmente.

Como rapera migrante, Valencia añade que en Colombia ve avances pero no los suficientes porque persisten la «cultura machista» pero ve con buenos ojos el panorama a raíz de la ola feminista en la región.

«En general en Latinoamérica o Abya Yala el feminismo fue gran componente de que haya esa revolución del arte, de marchas, de encuentros, de generar espacios a muchas más mujeres y disidencias», concluye.

EFE noticias

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