Un grupo de investigadores del Chengdu Medical College analizó en 2025 los efectos cerebrales de la pornografía, descubriendo que el consumo frecuente reduce significativamente la capacidad cognitiva y altera la actividad neuronal en comparación con grupos de bajo consumo.

​Para llegar a estas conclusiones, los expertos evaluaron a 21 estudiantes universitarios (16 con consumo moderado y 5 con adicción severa) utilizando espectroscopia funcional de infrarrojo cercano (fNIRS). Durante una sesión de 10 minutos de visualización, se midieron los cambios en la hemoglobina cerebral y se comparó el rendimiento de los participantes en el test de Stroop —una prueba clásica de control inhibitorio y atención— antes y después de la exposición al material.

​Los resultados demostraron que, mientras el grupo de bajo consumo mantuvo una mejor conectividad en áreas clave como la corteza prefrontal inferior, los sujetos con adicción severa mostraron una hiperactividad parasimpática, una respuesta de excitación sexual más marcada y una conectividad alterada en la corteza prefrontal dorsolateral. Al completar la prueba cognitiva tras ver los videos, el grupo de alta frecuencia presentó tiempos de reacción notablemente más lentos y una precisión reducida, lo que sugiere una interferencia directa en los procesos ejecutivos del cerebro.

​El estudio señala que los efectos negativos no solo ocurren durante el consumo, sino que la sobreestimulación constante del sistema de recompensas puede generar un «efecto de abstinencia» que aumenta la irritabilidad y el deterioro cognitivo cuando el sujeto intenta dejar de ver este material.

 

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