Evangelio del Día. Juan 15,9-11

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“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa”.

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

La Iglesia universal celebra hoy, la fiesta entre otros santos en honor a San Heliodoro, obispo y confesor. Nació en Dalmacia, a mediados del siglo IV, y murió un 3 de julio. Es contemporáneo y amigo de San Jerónimo. Como él, natural de Dalmacia. Acompaña al bíblico doctor en sus correrías por Jerusalén y Belén, viviendo como anacoreta en el desierto de Judea, dedicados al estudio y a la traducción de los textos sagrados. La comunidad de Aquileya le elige obispo y Heliodoro resulta un campeón de la verdad y de la interpretación bíblica en contra de tanta herejía, junto a san Ambrosio de Milán o a su entrañable Jerónimo.

Y la liturgia del día nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Juan capítulo 15, verso 9 al verso 11. En el que JESÚS, les insiste a sus discípulos en la necesidad de permanecer en Él por el Amor, correspondiendo así al AMOR del Padre, con el que Él nos ha Amado. Se trata de una permanencia dinámica y activa en el ejercicio del Amor. Es el llamado “círculo virtuoso del Amor”, por el que se permanece en el Señor actuando y amando de la misma manera en que Él nos ama.

 Recordemos que, San Juan define a DIOS como AMOR. Por eso podemos comprender la Vida Trinitaria como una perfecta COMUN-UNIÓN de AMOR que todo lo Crea, Salva y Santifica. Ya que, el AMOR del Padre y del Espíritu Santo Genera al Hijo-Salvación y el AMOR del Padre y del Hijo Genera el Espíritu Santo, Santificación. Lazo Comunicante que es iniciada por El Padre, en quien todo tiene origen. Y JESÚS que Es Su Raciocinio y Portavoz, nos los explica de manera simple: El Padre AMA al Hijo porque “Permanece” en SU AMOR, observando Su Mandamiento, y Cristo AMA a los suyos con el mismo AMOR que Recibió del Padre y en el que los suyos pueden permanecer si observan el Mandamiento de su Maestro.

  Lo que nos lleva a expresar algo paradójico, pero para que el hombre pueda amar a DIOS, debe antes que todo, dejarse AMAR por Él, porque amar a Dios nunca es iniciativa humana, es siempre una respuesta a un Don.  Ya que, cuando hay Amor, el cumplimiento del mandamiento se vive con alegría, e incluso el sacrificio puede ser alegre, y sereno. Por eso es que el tema de la alegría y su relación con la fiesta, tan común en el Antiguo Testamento, es utilizado también por JESÚS: “Les digo esto para que mi alegría esté en ustedes y vuestra alegría sea plena”.

 Al confrontarnos con el texto, obtenemos una respuesta rápida de JESÚS, ya que, Él nos dice que, si permanecemos en Su AMOR, se proyectará la alegría y el entusiasmo en cada momento de nuestras vidas, porque Su alegría estará en nosotros y así nuestra alegría llegará a la plenitud de la Felicidad. Por lo que, ninguna contrariedad, ni ningún problema por muy grande que sea, será capaz de destruir o arrancarnos la Alegría que viene del AMOR de Cristo.

 Y es esa Fuerza la que nos permite decir, que, “Amor, obediencia, alegría” podrían ser la síntesis de la reflexión de hoy. Ya que, primero viene el AMOR de JESÚS hacia nosotros; pero a su vez Él es el Amado del Padre. JESÚS obedece al Padre y nos AMA hasta la Muerte en Cruz, lo que genera el “círculo virtuoso del Amor”, al que ya nos hemos referido, y con el que el Maestro nos introduce en la intimidad de la Divinidad. Pero para poder experimentar la alegría de sabernos amados por DIOS, tenemos que tener la disposición de cumplir Su Mandamiento de Amor, que está enmarcada en la exhortación que nos hace JESÚS: “permanezcan en Mi AMOR”,

Por eso es que hoy es el día para pedirle a DIOS que nos dé, la gracia de Su Amor y la alegría de permanecer fieles a Él, y que nuestras actitudes y nuestras acciones revelen al mundo el Amor Misericordioso de DIOS Padre, que envió a Su Hijo al mundo, para dar Su Vida por AMOR y con su sacrificio pudiéramos experimentar la Alegría en este mundo terreno, como un preámbulo del Gozo del Banquete de la Vida Eterna. 

Señor JESÚS, ayúdanos a permanecer en Tu Amor, para experimentar el gozo de la fidelidad a Tu Palabra, y con la Fuerza de Tu Espíritu podamos imponernos al desaliento y a la autosuficiencia del mundo, que tanto daño nos hacen. Amén.

Luis Perdomo.