Evangelio del Día. Juan 3,31-36

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 “En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: “El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él”.

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

La Iglesia universal celebra hoy, la fiesta entre otros santos en honor a San Damián de Molokai. Sacerdote Misionero que nació el 3 de enero de 1840, en Tremeloo, Bélgica, y murió el 15 de abril de 1889, en Molokai, una isla de Hawái, que era un reducto de leprosos. Lo han llamado «el leproso voluntario», porque con tal de poder atender a los leprosos que estaban en total abandono, aceptó volverse leproso como ellos. El Papa Juan Pablo II, lo Beatificó en el año 1994.

Y la liturgia del día nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, según San Juan capítulo 3, verso 31 al verso 36, donde se continua con el diálogo entre JESÚS y Nicodemo, que hemos venido reflexionando desde comienzo de semana., y en que el Maestro le da mayor sustento a Nicodemo para abrirle el conocimiento sobre la respuesta que él anda buscando. Por eso JESÚS, profundiza la cuestión y le manifiesta la necesidad de adherirse a Él para poder experimentar la vida de DIOS, porque Él es la Palabra venida de DIOS y es quien puede hablarnos del PADRE,

  Porque solo quien ha venido de lo alto, puede dar Testimonio de lo alto. JESÚS, el Hijo de DIOS, es el único que puede Revelar plenamente el Misterio de DIOS. Su Palabra es Testimonio del Misterio del Amor de DIOS. Ya que quien acoge a su Persona y su Mensaje, acoge a DIOS Mismo y obra de acuerdo a sus designios. Y es que, JESÚS no solamente proclama la Palabra de DIOS, sino que da gratuitamente y sin medidas Su Espíritu a todo aquel que crea en Él. Por eso es que el creyente puede nacer continuamente a una Vida nueva, Gracias a la Palabra y al Espíritu, que es el gran Don de JESÚS para todos sus seguidores.

 Y para los que pone su confianza en las cosas efímeras de este mundo que solo generan ambiciones, corrupciones, odios, guerras, exclusión, y muerte, se levanta LA Voz de JESÚS para decirnos: “el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él”. Dejando claro que la Ira de DIOS, no es sobre las personas, sino sobre sus procederes y sobre “las tinieblas”, que impiden a sus hijos e hijas a entrar en comunión profunda con su Hijo JESÚS. Porque mientras más cerca estemos de las exigencias de JESÚS, mayor será la efusión de su Espíritu que nos alejará de las tentaciones del mal, y nos hará elegibles para la Vida Eterna.

    Al confrontarnos con el texto, y ver que, el evangelista Juan, con este Evangelio, exhorta a los cristianos de todos los tiempos, expuestos a todo tipo de amenazas, a que no perdamos el ánimo y sigamos siempre el Camino de la Verdad y de la Vida que nos marcó JESÚS. Por lo que todos estamos invitados a fomentar una auténtica espiritualidad de comunión, que nos haga más consistentes de nuestro compromiso a favor y en defensa de la vida.

  Por eso es que al sumergirnos en el texto, para ubicarnos en primera fila y poder escuchar la explicación de lo más trascendental para nuestras vidas, el saber que JESUCRISTO es el Camino para alcanzar la Vida Eterna que el PADRE da a todos los que Creen en Él, abrazan su proyecto de Vida y comienzan a testimoniarlo con sus obras en cada espacio donde desarrollan esta vida terrenal, transitoria y efímera, y nos da ánimo para saber que estamos en el Camino correcto.

 Seguramente que al escuchar esto, nos podemos preguntar: ¿Qué he de hacer para entrar en la Vida que JESÚS me ofrece? ¿Qué he de hacer para alimentar mi vida espiritual y mi compromiso profético? ¿Tendré que tener méritos para recibir esta Vida Eterna? Y he aquí que JESÚS mismo nos da la respuesta, lo primero es que ninguno somos digno, ni tenemos méritos para ese disfrute, por lo que es una Gracia otorgada. Y lo único que debemos hacer es abrir nuestras mentes y corazones, al Mensajero de la Vida. Ya que haciendo eso, vamos a experimentar los cambios más grandiosos en nosotros y a través de nosotros se va experimentar un cambio en nuestro entorno social, y de esta manera comenzamos a transitar nuestro camino hacia la Vida Eterna.

 Señor JESÚS, Tú que eres la Palabra de DIOS Encarnada y regalas la fuerza de Tú Espíritu a todos los que Te aceptan como su Salvador, ayúdanos a mantenernos firmes frente a todas las amenazas que pretenden doblegar nuestra Fe. Amén.

Luis Perdomo