Evangelio del Día. Lucas 8,16-18

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«En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o para colocarla debajo de la cama. Por el contrario, la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz. No hay nada escondido que no deba ser descubierto, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse y salir a la luz. Por tanto, fíjense bien en la manera como escuchan. Porque al que produce se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia universal celebra hoy la Fiesta, entre otros santos, en honor a San José María de Yermo y Parres.  Nació en la Hacienda de Jalmolonga, municipio de Malinalco, México el 10 de noviembre de 1851, y murió el 20 de septiembre de 1904 en la ciudad de Puebla. Fue beatificado por Su Santidad Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990 en la Basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe en la Ciudad de México, y santificado, por el mismo Pontífice, en la Ciudad de Vaticano, el 21 de mayo, del 2000 durante el Año Santo.

 Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas, capítulo 8, del verso 16 al verso 18. En el que se relata una parábola muy corta, donde se describe el comportamiento humano en torno a quien enciende una lámpara y que una vez encendida, debe ser para ponerla en el sitio más alto donde pueda expandir su luminosidad, y no para esconderla debajo de la cama o para tenerla cubierta con una vasija.

 Es importante recordar que en los tiempos en que JESÚS vivió Su Vida terrena, era una necesidad usar las lámparas o candil, ya que no existía el fluido eléctrico, y las horas de la noche tenía que ser iluminadas con la luz de estos artefactos producidos con el ingenio humano, por lo que había que aprovecharlos al máximo. Y es este el contexto utilizado por JESÚS, para compartir la parábola, e invitar a sus seguidores a colocar Sus Enseñanzas en el lugar más alto y visible de la comunidad, de modo que pudiera iluminar los problemas de la vida diaria.

 Y aunque era una sabiduría nacida de la sencillez de la vida ordinaria y de la recitación constante de la Sagrada Escritura, tenía poder para transformar la vida cristiana a la Luz de las Acciones y Palabra de JESÚS, que es una Novedad, porque es una sabiduría completamente distinta a la que ha nacido del conocimiento de los libros que eran guardados debajo de la cama y en recipientes cerrados para que los insectos no se los comieran.

 Al confrontarnos con el texto, vemos que el mismo tiene un carácter iluminador como la luz de la lámpara, y pide ser comunicado, revelado a tiempo y a destiempo y en todos los lugares. Esta imagen sugiere, como debe ser el comportamiento del seguidor de JESÚS; sus acciones, su vida fecundada con la novedad del Evangelio, que no han de ocultarse bajo los pliegues de las cosas ordinarias, sino que debe presentarse claro y tangible, para poder iluminar a los demás, poniéndola a disposición en el candelero, que es el testimonio de vida.

 Teniendo claro que cada uno de los que nos llamamos seguidores de JESÚS, somos las vasijas o candelabro donde DIOS deposita el aceite de la Fe, para ser encendida por la Luz del Espíritu Santo, que se va acrecentando en la medida que abramos nuestro corazón a la escucha de la Palabra de DIOS, presente en la Sagrada Escritura, que confiere al que las escucha una sabiduría que no merma los valores humanos, sino que los incrementan, «dándole más al que ya los tiene», porque brota de la fuente de su Creador que es DIOS.

  Porque la Palabra de DIOS Encarnada que es JESÚS de Nazaret, que Revela los misterios del Reino, y estos no pueden quedar escondidos, ya que el Don concedido por DIOS es para difundirlo, entrando así en una dinámica Transformadora que es la de Recibir y Dar, que forman el hilo de un proceso único que transmite la corriente vital de la Vida. Se transmite cumpliendo fielmente lo que se ha recibido del Maestro, desarrollando de esta manera el camino de la madurez de la Fe cristiana, esto es «tener», por lo que hay que darlo para tener más, en cambio a quien no tiene Fe, «se le quitará hasta lo que cree tener». Por eso es que hoy, es el día para preguntarnos: ¿Qué lugar damos a las enseñanzas de JESÚS en nuestras vidas y cómo está nuestra Fe en Él?

 Señor JESÚS, ayúdanos a entender y a vivir la Revelación de Tu Palabra, para poder ser reflejos de Tu Luz en un mundo oscurecido por la maldad y por la indiferencia de muchos que nos llamamos cristianos que optamos por esconder Tu Verdad en los divanes de nuestras comodidades. Amén.

Luis Perdomo