Evangelio del Día: Marcos 4,21-25:

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“En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.»  Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.»

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia Universal celebra hoy la fiesta, entre otros santos, en honor a Santo Tomás de Aquino. Filósofo, teólogo y doctor de la Iglesia. Perteneció a la Orden de los Dominicos y se lo reconoce mundialmente por haber sido el máximo referente de la escolástica, que es la corriente teológica y filosófica que ha usado a la filosofía griega para comprender e interpretar la Revelación de DIOS. Nació en Roccasecca, Italia, en el año,1225 y su fallecimiento se produce en la Abadía de Fossanova, Lacio, el 7 de marzo del año 1274.

Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de JESUCRISTO, Según San Marcos capítulo 4, versos del 21 al 25. en el que narra dos parábolas bien condensadas de JESÚS, sobre la luz y sobre el comportamiento humano, dejando bien claro, cual es la actitud que debe observar cada uno de sus seguidores, una vez que haya asimilado en su alma, la enseñanza evangélica, entonces, al igual que Él, su luz irradiará cada uno de los espacios en que se desenvuelve, pues para eso ha sido llamado.

Tenemos que tener en cuenta que el ambiente religioso, político y social, que vivía la sociedad, en el tiempo en que JESÚS, vive su vida terrena, era oscuro y opaco, debido a la corrupción, la violencia y opresión a la que era sometido el pueblo por parte de las autoridades judías y los representantes del imperio romano. Por eso es que JESÚS, le hace su invitación, a sus mensajeros de todos los tiempos, para que seamos nosotros los llamados a develar las injusticias y las perversidades de las sociedades donde nos desarrollamos.

 Ya que JESÚS, no se deja condicionar por las críticas de sus adversarios, ni por las realidades que se vivían en esa época, y con un lenguaje entendible, tal es el caso de sus parábolas, se dedica a enseñarle al pueblo una nueva perspectiva.  En tal sentido les habla de la luz: “el candil que se enciende, no es para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, sino para ponerlo en el candelero”. El Maestro también apela a la responsabilidad de cada uno, aludiendo a la medida que se le dará el premio, pero añadiendo la gracia generosa: el fruto que cada quien produce, se verá multiplicado más allá de toda expectativa humana.

  Al confrontarnos con el texto, podemos entender claramente que el secreto que JESÚS, nos revela, no debe quedar escondido, sino sacado y compartido en cada uno de los sitios donde nos desarrollemos. Y que no debemos avergonzarnos de nuestra fe y de nuestra adhesión a JESUCRISTO. Al contrario, nuestras buenas obras, fruto del seguimiento decidido a JESÚS, deben ser expuestas como parte de nuestras propias vidas, mediante el testimonio constante que se nos exige.

 De la segunda parábola, también obtenemos una iluminación para nuestra vida personal, y para las relaciones que existen entre nosotros. Ya que “con la medida que midamos seremos medidos”: si medimos con perdón, construiremos una sociedad de perdón; y si nuestras actitudes ante los demás, son de justicia, de amor, de paz, de reconciliación, de solidaridad, y de inclusión, entonces serán multiplicados con creces todos los dones, que nos han sido concedido por gracia, ya que todas esas acciones redundarán en beneficio de toda la sociedad, donde interactuamos.

 Señor JESÚS, permítenos configurarnos Contigo para ser la Luz, que ilumine las oscuridades del mundo. Y ayúdanos a dar a nuestros semejantes, una justa medida de solidaridad, de justicia y de perdón, para construir la civilización del AMOR, que todos anhelamos. Amén.

Luis Perdomo