Evangelio del Día. Mateo 12,38-42

35

     “En aquel tiempo, algunos maestros de la Ley y fariseos le dijeron a Jesús: «Maestro, queremos verte hacer un milagro.» Pero él contestó: «Esta raza perversa e infiel pide una señal, pero solamente se le dará la señal del profeta Jonás. Porque del mismo modo que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.

Los hombres de Nínive resucitarán en el día del juicio junto con esta generación y la condenarán, porque ellos cambiaron su conducta ante la predicación de Jonás, y aquí ustedes tienen mucho más que Jonás. La reina del Sur resucitará en el día del juicio junto con los hombres de hoy, y los condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí ustedes tienen mucho más que Salomón”.

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 La Iglesia universal celebra hoy la Fiesta, entre otros santos, en honor a las Santas Aurea, Justa y Rufina. Tres Santas jóvenes, tres santas vírgenes, las tres tuvieron que afrontar grandes pruebas para permanecer en la virtud. En las tres resaltan el valor del pudor. Las tres son modelos de la coherencia entre la acción y la convicción.

 Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo, capítulo 12, del verso 38 al verso 42. En el que se narra el careo de JESÚS, con los maestros de la Ley, ellos le pedían al Maestro, que hiciera un milagro. JESÚS no hizo milagros aquel día porque aquellos especialistas de la religión le pedían cuentas en vez de escucharlo. Y más que tener un encuentro con DIOS o con uno de sus mensajeros lo que querían era satisfacer su propio ego de saberse especialistas en la Sagrada Escritura.

 Y es que, según la tradición judía, el Mesías realizaría algunos signos que lo acreditarían delante de su pueblo. Pero los fariseos piden a JESÚS un signo, no porque estén abiertos a una manifestación de DIOS, sino porque desean ponerlo a prueba. JESÚS no cae en la tentación de legitimar su propia Persona y Misión mediante estos signos, que no convenía a la Fe del creyente, sino a los prejuicios de sus adversarios. Les dará solamente el signo de Jonás, que evoca tanto su Muerte como Su Resurrección, con la mención de los tres días y las tres noches en la que estuvo el profeta dentro del vientre del pez.

 JESÚS, les dice que con la predicación del profeta Jonás, los ninivitas se arrepintieron y se convirtieron sin embargo ellos están en presencia de quien es más grande que el profeta, también les dice que la reina del sur resucitará el día del juicio, ya que vino a ver la sabiduría de Salomón y creyó, sin embargo ellos están en presencia de quien está por encima de Salomón y no han creído, por eso los cataloga como raza perversa e infiel, bueno es saber que con esta expresión se designa en la Sagrada Escritura, al creyente infiel, que sin negar a DIOS con la boca, tiene otro dios, o sea un ídolo, u otros apegos en su corazón.

 Al confrontarnos con el texto, vemos que a lo largo de la historia de la humanidad ha existido la tentación en las personas creyentes, de estar constantemente exigiendo una señal del cielo o un signo especial que confirmen alguna iniciativa o canonicen alguna determinada práctica personal o grupal. Es la pretensión de quererse construir un dios a la medida, que esté al servicio de sus caprichos o de sus necesidades perentorias, sin entender que DIOS siempre nos dará lo que Él sabe que necesitamos.

 Es lo que vivimos en la actualidad donde todos estamos tentados de pedirle a DIOS una solución urgente para calmar nuestros temores, frente a la pandemia o las grandes catástrofes naturales que frecuentemente se suscitan en distintas partes de la tierra. Por eso es que hoy el Maestro nos llama a un discernimiento de manera tajante, para interpretar los signos que se ofrecen a nuestra Fe: la Palabra de DIOS que nos llama a la conversión y el misterio Pascual de Cristo que nos hace renacer a la vida nueva. Ya que, como cristianos tenemos que tener la valentía de JESÚS, para afrontar los retos de cada día con la sabiduría que nos brinda la Palabra de DIOS, que es la que debe marcar el rumbo de nuestras vidas.

Señor JESÚS, abre los ojos de nuestro corazón, para acoger Tu Palabra y Tu vida Nueva, como verdaderos signos de Tu Amor Salvador y entregarnos por entero al servicio de nuestros hermanos. Amén.

Luis Perdomo