Evangelio del Día. Mateo 8,23-27

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«En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»  Él les dijo: «¿por qué son tan cobardes, hombres de poca fe?»  Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»  

  Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana. Venezuela.

 La Iglesia universal celebra hoy la Fiesta, entre otros santos, en honor a San Irineo, obispo y mártir. Nació en el Asia Menor hacia el año 125 y como lo dice en su carta, tuvo el privilegio de ser educado por San Policarpo, un santo que fue discípulo del Evangelista San Juan. Es considerado como uno de los Padres de la Iglesia, porque en la antigüedad con su sabiduría y sus escritos libró a la cristiandad de las dañosísimas enseñanzas de los gnósticos.  

 Y la liturgia diaria, nos presenta al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo, capítulo 8, del verso 23 al verso 27, en el que se narra el episodio de la barca sacudida por la tempestad, y en el que se conjugan dos aspectos bien marcados. Por un lado, la Autoridad de JESÚS y por el otro lado, la prueba de Fe que tienen que afrontar los discípulos de todos los tiempos, como parte de las exigencias de su seguimiento.

 JESÚS, les recrimina a sus seguidores su poca Fe, expresada en su miedo ante la fuerte tempestad, y la turbulencia de las aguas que amenazaba con hundir la barca. Ya que, ellos han visto al Hijo del Hombre enseñando con más autoridad que los maestros de Israel, sanando enfermos y expulsando demonios, por lo que es lógico inferir que también tiene jurisdicción sobre la naturaleza. Y por eso interpela a sus discípulos por sus miedos, ya que si lo han visto haciendo todas esas cosas lo más lógico es tener la confianza y la seguridad de que si lo tienen a su lado Él sabrá protegerlos.

  De allí que con una narración cargada de simbolismo el evangelista advierte a la comunidad cristiana, sobre los peligros que hay que afrontar, por ser parte de un proyecto transformador como el de JESÚS. Porque los que soñamos con hacer presente el Reino de DIOS debemos enfrentar con valentía las persecuciones, no dejándonos atrapar por el miedo, la desesperanza o la falta de fe. Y la imagen de la barca sacudida por la tormenta, es una invitación que se le hace a la comunidad, a estar preparada para hacerle frente a las amenazas terrenales y espirituales.

  Al confrontarnos con el texto y ver la fragilidad de nuestra Fe, que se tambalea ante las dificultades y que es sumamente vulnerable ante las propuestas del mundo, y muchos de nuestros comportamientos y reacciones, desdicen mucho de nuestra condición de ser un verdadero seguidor de JESÚS. Por lo que se hace urgente e imperativo volver a la Enseñanzas y a los mandatos que nos da JESÚS, para tener un real y auténtico comportamiento cristiano, que sea expresión de la maduración de nuestra Fe.

 También nos confronta la actitud de JESÚS, que ante tantas emergencias dormía como si estuviera ajeno a lo que estaba pasando. Y nos confronta porque pareciera que esa es la percepción que tenemos cada vez que estamos presionados por los problemas, exclamamos como el Salmista: «¡Dios mío, Dios mío, ¡porque me has abandonado!» (Sal 22,2) Sin ponernos a pensar que no es abandono, si no la exigencia de Él para que tengamos una Fe madura y tener la suficiente confianza de que por muy difícil que sea la situación, Él siempre está con nosotros para ayudarnos.

 Por eso es que hay que volver a JESÚS y a Sus Palabras, despertarlo para que nos ayude a afrontar las turbulencias del mal, de los proyectos generadores de pobreza y de injusticia. Acerquémonos entonces con humildad al Maestro y supliquémosle para que nos de la fuerza necesaria, con las que podamos superar las tormentas y los miedos que amenazan nuestra Fe y no ceder ante propuestas que desnaturalizan al ser humano. 

 Señor JESÚS, Tú conoces la fragilidad de nuestra Fe, que se tambalea ante las dificultades y que es sumamente vulnerable antes las propuestas del mundo, acrecienta nuestra Fe y Esperanza para encontrarnos Contigo, y descubrirte caminando a nuestro lado en cada uno de los temores y vicisitudes que se nos presentan. Amén.

 

Luis Perdomo