La extracción de recursos en el estado Bolívar ha trascendido lo económico para consolidarse como una tragedia humanitaria sin precedentes. Según el Centro de Derechos Humanos de la UCAB, la dinámica minera ha instaurado un modelo de esclavitud moderna donde mujeres y niñas son reducidas a mercancías.
Eumelis Moya, coordinadora de la organización, advierte sobre un alarmante cambio generacional, mientras que en 2018 las víctimas tenían entre 12 y 17 años, para 2021 la red de explotación ya alcanzaba a niñas de apenas 7 y 8 años, sometidas a servidumbre y violencia sexual en los campamentos.
Captación de nuevas víctimas
Las organizaciones criminales que dominan los yacimientos operan mediante «señuelos» sofisticados que explotan la vulnerabilidad económica, como ofertas de empleo estable o viajes al extranjero o promesas de cirugías plásticas para atraer a mujeres jóvenes, generando jornadas de 14 horas de trabajo forzoso en condiciones de insalubridad extrema.
La gravedad alcanza niveles dantescos con la documentación de subastas de virginidad, donde la integridad de las menores se tasa directamente en gramos de oro, a menudo bajo el silencio cómplice de su entorno cercano.
El colapso social derivado de esta práctica se manifiesta en cifras alarmantes que desbordan el sistema de salud, como lo ha sido la incidencia crítica de infecciones de transmisión sexual, lideradas por el VPH, la sífilis y el VIH.
Se estiman cerca de 250 partos mensuales de madres adolescentes en solo dos centros de salud de la zona.
Miles de niños quedan al cuidado de terceros o en situación de mendicidad mientras que a sus madres las explotan en las minas.
Para Moya, el desafío más crítico es la normalización de la atrocidad. Desde 2021, lo que antes despertaba rechazo social hoy se percibe erróneamente como una «consecuencia inevitable» de la crisis.
La esclavitud moderna despoja al ser humano de su autonomía para convertirlo en objeto. Romper este ciclo de horror requiere con urgencia políticas públicas integrales que no solo castiguen el delito, sino que eduquen para desmantelar los estereotipos que sostienen este sistema de explotación.
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