Foto refrencial

El estado Bolívar posee más de 10 millones de hectáreas aptas para la siembra, perfilándose como una de las mayores potencias agropecuarias de Venezuela. Sin embargo, la realidad económica y logística ha golpeado duro a sus tierras.

Según cifras gremiales, la producción en la entidad sufrió una drástica caída del 49 %, contracción que dejó fincas abandonadas y pérdidas masivas debido, principalmente, a la crisis del combustible.

Pedro Díaz, presidente de la Federación de Productores Agropecuarios del Estado Bolívar (Feproagro), recuerda la gravedad del escenario reciente.

«Tuvimos hace año y medio o dos años a productores casi que más de ocho meses sin recibir un litro de gasolina. Muchas fincas se quemaron y la gente ni siquiera podía llegar a sus unidades de producción», dijo.

El dirigente gremial ilustra la odisea territorial con el caso del municipio Cedeño, donde un productor debe recorrer unos 640 kilómetros entre ida y vuelta.

«Con los controles, pretendían despacharles 40 litros; con eso no les alcanzaba ni para llegar», fustiga Díaz.

Aunque reconoce que la distribución ha mostrado una mejoría mediana en los últimos meses, advierte que los cupos actuales apenas cubren entre el 60 % y el 70 % del requerimiento real del sector.

Pedro Díaz, presidente de Feproagro Bolívar. Foto: Alvis Cristina Herrera

Abastecimiento local y rubros emergentes

A pesar del colapso de casi la mitad de la capacidad productiva, el arraigo y la resiliencia del productor bolivarense han mantenido a flote el plato del consumidor local.

De acuerdo a los datos de Feproagro Bolívar, queda en evidencia el enorme peso específico y el rol estratégico que posee el sector ganadero en el estado Bolívar.

La entidad destaca por una sólida soberanía alimentaria en el rubro cárnico, ya que el 90% de la carne vacuna que se consume localmente es producida dentro de sus propios límites geográficos.

Asimismo, el sector lácteo exhibe un comportamiento robusto, abasteciendo entre el 60% y el 70% de la leche y los quesos comercializados a través de la producción regional y nacional.

Por su parte, la dinámica agrícola se está transformando. Zonas tradicionalmente cerealeras, como La Paragua, han diversificado su oferta hacia rubros emergentes.

Actualmente, no solo se garantiza el plátano, la yuca, el ñame y el ocumo para el mercado interno de Bolívar, sino que estos productos ya se están despachando hacia Anzoátegui (Puerto La Cruz) y otros estados orientales, sumado a un repunte importante en la producción de hortalizas tanto en el sur como en el municipio Angostura del Orinoco.

Un motor cultural

Para el presidente de Feproagro, el motor que mueve al campo va más allá de las variables económicas; se trata de un factor cultural y de vocación. Con la llegada de las primeras lluvias, el panorama de reactivación cambia de ritmo de inmediato.

«Ya cayó el primer aguacero y todo el mundo está aceitando y engrasando los tractores, acomodando la guadaña porque va a arrancar a sembrar. Eso lo llevamos en la sangre. Cuando nos nace un becerro, aunque vengamos de capa caída, se nos olvida y decimos: ‘tengo que seguir invirtiendo, tengo que seguir trabajando’. Esa es la cultura del productor», concluyó Díaz con optimismo.

La paulatina regularización del combustible asoma como la clave definitiva. De estabilizarse el suministro energético para las maquinarias y el traslado, el sector agropecuario de Bolívar está listo para iniciar la ruta del rescate de la producción perdida, apostando a la soberanía alimentaria desde el sur del Orinoco.

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