Asfaltado para las calles de Francisco de Miranda, piden sus residentes. Foto: Níger Martínez

Uno de los tantos vecindarios de Ciudad Guayana que padece por calles destruidas, la ausencia de una red de aguas negras y guayas del tendido eléctrico colgando peligrosamente de los postes es la comunidad de Francisco de Miranda, en San Félix.

Se trata de un barrio que se consolidó antes de la construcción de las avenidas Pedro Palacios Herrera y Leopoldo Sucre Figarella, colindando con Las Malvinas y el sector Luis Hurtado Higuera. Sin embargo, a más de siete décadas de su fundación, sus habitantes continúan padeciendo la falta de servicios básicos como: la red eléctrica colapsa con frecuencia, los pozos sépticos están saturados y el agua por tubería ,que en el pasado no fallaba, se convirtió en un lujo intermitente.

Aunque la calle principal, denominada España, aún conserva restos de asfalto, se encuentra plagada de botes de agua potable y huecos de todas las dimensiones. La situación es peor en las vías transversales como Caro, Soublette, La Torre, Florida, Miranda, Velásquez, Misisipi, Barinas, El Cementerio y la intersección con la avenida Manuel Piar, las cuales están completamente intransitables y carecen de alcantarillado.

En la esquina de la calle La Torre con Florida existe un viaducto que conecta a Francisco de Miranda con Las Malvinas y la UD-145. Hoy, esta vía de acceso se halla destruida, sumida entre la maleza y sin alumbrado público, convirtiéndose durante las noches en una boca de lobo que representa un severo peligro para quienes necesitan desplazarse entre ambos sectores.

Más de medio siglo de carencias

Tomás Tesorero, vecino del sector, relata que llegó a Francisco de Miranda entre 1969 y 1970. Para ese entonces la comunidad ya existía con calles de piedra y arena, mucho antes de que se trazaran las arterias viales modernas. «No existían las avenidas Pedro Palacios Herrera ni la Leopoldo Sucre Figarella; solo estaba la redoma El Dorado con una sola vía, la actual avenida Gumilla, que conducía hacia la zona de El Pao», rememora.

Tesorero recuerda que el suministro de agua era continuo, hasta que la crisis afectó al servicio y el líquido vital desapareció por completo durante casi 15 años. Actualmente, el recurso ha comenzado a llegar con cierta frecuencia en algunas zonas.

El barrio se encuentra dividido en cuatro sectores, pero solo uno cuenta con red de aguas residuales. El resto depende de pozos sépticos que, al colapsar, obligan a los vecinos a pagar camiones de succión privados o de la municipalidad para poder achicarlos. Además, señala que la comunidad ha sido asfaltada una sola vez en toda su historia.

A falta de drenajes, los habitantes que no están conectados a la red vierten las aguas servidas hacia las calles, destruyendo a su paso el deteriorado pavimento. «La luz tiene las mismas fallas que en el resto de San Félix y Puerto Ordaz, con la diferencia de que cada bajón o apagón nos quema una nevera, un aire acondicionado o una lavadora, y reponer esos electrodomésticos en esta economía es casi imposible», lamenta Tesorero.

La infraestructura comunitaria también decae. La Escuela Consuelo Navas Tovar requiere un abordaje integral antes del inicio del año escolar: sus alrededores están arropados por la maleza y necesita pintura, climatización, pupitres y la reparación urgente de los baños. En cuanto al módulo de salud del barrio, los residentes aseguran que opera «a duras penas», necesitando mantenimiento de planta y dotación constante de insumos para atender a los pacientes.

Riesgo de cárcavas y guayas obsoletas

Omegar Díaz, otro habitante de la zona, coincide con Tesorero en que el asfaltado es una prioridad, aunque aclara que la Alcaldía de Caroní debe resolver primero el problema del alcantarillado.

«Una de las calles en peor estado es la Florida, donde se está formando una cárcava. Si el abandono gubernamental persiste, el foso seguirá creciendo y pondrá en riesgo las viviendas aledañas. Además, es urgente que Corpoelec reemplace las guayas del tendido eléctrico; ya cumplieron su ciclo de vida, están desgastadas y chocan entre sí cuando sopla el viento, generando cortocircuitos», advierte Díaz.

La precariedad del servicio eléctrico quedó en evidencia recientemente en la calle Andrés Eloy Blanco, donde los vecinos pasaron más de 15 días a oscuras tras la explosión de dos transformadores. Tras prolongadas protestas e insistencia ante Corpoelec, la empresa estatal reemplazó un equipo por uno nuevo y colocó otro reparado.

Por su parte, Nicolasa Chacón, quien reside desde hace 18 años en el sector, asegura que no ha visto avances desde su llegada. Ha sido testigo del deterioro progresivo de la viabilidad, el alumbrado y el suministro de agua.

Chacón instó a la Gobernación del estado Bolívar y a la Alcaldía de Caroní a coordinar un plan de rescate integral de los servicios públicos para dignificar la calidad de vida de las aproximadamente 5.000 familias que habitan en la zona.

Finalmente, los pobladores señalan la existencia de un enorme socavón que bordea la comunidad y divide al sector del Cementerio Municipal de Chirica. Aunque por el momento la grieta no amenaza directamente a las casas, la zanja pasa por detrás del barrio Monte Cenizas hasta desembocar en el río Caroní, manteniéndose como un recordatorio del paulatino desgaste de los suelos en Francisco de Miranda.

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