“En aquel tiempo entró Jesús en la sinagoga y se encontró con un hombre que tenía la mano paralizada. Pero algunos estaban observando para ver si lo sanaba Jesús en día sábado. Con esto tendrían motivo para acusarlo. Jesús dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Ponte de pie y colócate aquí en medio.», Después les preguntó: «¿Qué nos permite la Ley hacer en día sábado? ¿Hacer el bien o hacer daño? ¿Salvar una vida o matar?» Pero ellos se quedaron callados. Entonces Jesús paseó sobre ellos su mirada, enojado y muy apenado por su ceguera, y dijo al hombre: «Extiende la mano.» El paralítico la extendió y su mano quedó sana. En cuanto a los fariseos, apenas salieron, fueron a juntarse con los partidarios de Herodes, buscando con ellos la forma de eliminar a Jesús”.

Reflexión hecha por Luis Perdomo Animador Bíblico de la Diócesis de Ciudad Guayana, Venezuela

La Iglesia universal celebra hoy la fiesta, entre otros santos, en honor a Santa Priscila o Prisca. Nació en Roma, razón por la cual la capital italiana acogió una basílica en su nombre en la colina del Aventino. Fue a los 13 años cuando le propusieron que renunciara a su fe religiosa para convertirse a través de un ritual de sacrificio en el que solo debía poner sobre el fuego unos granos de incienso. Pero la joven, firme en sus convicciones, rechazó tal propuesta, diciendo: «Yo solo soy de Jesucristo».

Y la liturgia de hoy nos presenta al Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, según San Marcos capítulo 3, versos del 1 al 6, en el que se narra la curación de la mano de un paralítico que hizo JESÚS, en una sinagoga, durante el desarrollo de un día sábado. Poniendo en práctica la afirmación del Evangelio de ayer: “el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado”. JESÚS, ante la mirada inquisitiva de los fariseos, pregunta: “¿Qué está permitido hacer en sábado el bien o el mal? ¿salvar la vida de un hombre o dejarlo morir?”

Ellos callaron, esta actitud hipócrita de los fariseos provoca en JESÚS un sentimiento de ira y de dolor. Y ante el silencio de sus inquisidores, JESÚS le dice al paralítico “extiende la mano. La extendió y la mano quedó restablecida”. Recordemos que la Sinagoga es el centro de oración y de la instrucción Rabínica, al pueblo, por eso es que el hombre de la mano paralizada simboliza la “parálisis” de la sinagoga, que ata a las personas y no les permite ser libres. Mientras que la Palabra de JESÚS, sana y libera, y allí donde todo parece perdido y sin posibilidad de curación el Señor Da Vida y Esperanza.

Al confrontarnos con el texto y comparar nuestras actitudes con la de los fariseos, pareciera que la inmensa mayoría hacemos lo mismo, cuando solo miramos en una sola dirección y evitamos ver más allá de nuestra propia realidad; cuando pensamos que solo existo yo y mis problemas; cuando pongo a los demás a mi servicio; cuando soy incapaz de tender una mano al que me necesita. Es allí donde se comprueba las parálisis que hay en nuestra vida personal y comunitaria: enfermedades, miedos, debilidades, dificultades superiores a nuestras fuerzas, en las que se incluyen nuestros bloqueos mentales y espirituales que nos incapacitan para actuar, avanzar y superarnos. Por eso es que JESÚS sigue hoy mirándonos y haciéndonos extender la mano paralizada para sanarla y usarla para trabajar, y para acudir sin demora en la ayuda del que nos necesite. 

Y en cuanto al sábado o día de reposo, que es en su origen, un rotundo gesto de libertad y de gracia, pero que los judíos lo habían convertido en una pesada carga de parálisis para la sociedad. También nosotros podemos convertir oportunidades de gracia y de encuentros familiares y eclesiales en cargas molestas e inaguantables para todos los que nos rodean. Y en vez de convertir nuestros actos litúrgicos en encuentros festivos para Alabar a DIOS y acrecentar nuestras relaciones familiares y comunitarias, muchos los usamos como actos obligatorios a los que asistimos para que nos vean, y por eso muchas veces nuestro cuerpo está allí, pero nuestra mente está en los problemas o en la actividad que vamos a realizar apenas salgamos de allí.

Y aunque DIOS siempre quiere ayudarnos, nosotros mismo lo impedimos, en primer lugar porque no escuchamos la Voz de DIOS y en segundo lugar porque casi nunca le ponemos un “freno” a las angustias y a las preocupaciones y como no escuchamos a DIOS, entonces no sabemos que el “SHABÁ” o día de descanso se instituyó precisamente para que hiciéramos un alto en el trabajo y las preocupaciones, y en la Alabanza a DIOS nos configuráramos con Él para retomar fuerzas físicas y espirituales y al salir de allí, seguir asumiendo nuestras responsabilidades de cada día.

Por eso es que, en medio de todo este cúmulo de obstáculos, y de dudas frente a lo que pueda suceder, oímos la voz dulce y fuerte de JESÚS que nos dice “Levántate y ponte en pie” (Mc 2,11), es decir, cree en ti mismo, confía que puedes vencer, lucha, ten ánimo que puedes superar esos problemas y sobre todo no dudes de estas palabras: “la Fe mueve montañas; para el que cree, todo es posible” (Mt 17,20); y “pidan y recibirán, llamen y se les abrirá” (Mt 7,7). Esta es la manera como tenemos que asumir y celebrar nuestra Fe, dejando todas nuestras preocupaciones en Manos de JESÚS, y poniéndonos a Su disposición para ser útiles en todos los espacios donde nos desarrollemos.

Señor JESÚS, frente a tantos casos de violencia, rechazo, y maldad, que nos aterra y paraliza, nos llega Tu Mensaje de Bondad y Solidaridad, que nos invita a salir de la postración, para ir al encuentro de la libertad y de la convivencia ciudadana.

Amén