Sao Paulo.- La tasa de desaprobación del Congreso brasileño aumentó hasta el 37 %, según un sondeo publicado este lunes y cuyo resultado contrasta con la popularidad récord que alcanzó el presidente Jair Bolsonaro, pese a su cuestionada gestión de la pandemia del coronavirus, que deja ya unas 108.000 muertes.

La encuesta, elaborada por el Instituto Datafolha, mostró que el rechazo al trabajo de los diputados y senadores creció cinco puntos porcentuales con respecto al sondeo realizado a finales de mayo.

El índice de popularidad del Poder Legislativo se mantuvo estable, pues solo bajó desde el 18 % hasta el 17 %, dentro del margen de error, que es de dos puntos, mientras que un 43 % de los brasileños cree que la gestión del Parlamento es «regular», frente al 47 % del sondeo anterior.

La encuesta, publicada por el diario Folha de Sao Paulo, fue realizada a partir de entrevistas telefónicas a 2.065 adultos entre los días 11 y 12 de agosto y en ella también se preguntó la opinión sobre la Corte Suprema de Brasil.

En este sentido, un 27 % de los brasileños consideró «buena u óptima» la actuación de los once magistrados del Supremo, frente al 30 % del anterior sondeo; otro 29 % de «mala o pésima», tres puntos más en la misma comparación; y un 38 % la calificó de «regular».

Esos resultados contrastan con el índice de popularidad alcanzado por Bolsonaro, líder de la extrema derecha brasileña, que subió cinco puntos hasta llegar al 37 %, el mejor porcentaje desde que asumió el poder el 1 de enero de 2019, según informó Datafolha el pasado viernes.

La mejora en la percepción del Gobierno coincide con una moderación del tono del presidente, quien durante los meses anteriores mantuvo un intenso embate con los Poderes Legislativo y Judicial, que han suspendido o matizado algunas de sus más polémicas medidas, como la liberación de la venta de armas a los civiles.

También con la distribución de subsidios destinados a las capas más humildes de la sociedad y a los trabajadores informales a fin de paliar los efectos de las medidas de distanciamiento social impuestas para contener los contagios de la COVID-19.

El mandatario, uno de los líderes mundiales más negacionistas sobre el peligro del virus que él mismo padeció en julio pasado, ha minusvalorado la pandemia desde el inicio y desafiado constantemente las medidas de distanciamiento social, a las que calificó de «crimen» contra la economía del país.

El gobernante, que llegó a calificar a la enfermedad de «gripecita», participó, en plena emergencia sanitaria, en protestas de sus seguidores que pedían el «cierre» del Parlamento y el Supremo mediante «una intervención militar».

Brasil es el segundo país más castigado por la pandemia, después de Estados Unidos, y hasta este domingo registraba 107.852 muertes y 3.340.197 casos confirmados de COVID-19, según el Ministerio de Salud.

Otros sondeos de Datafolha reflejaron que un 47 % de los brasileños considera que Bolsonaro «no tiene ninguna responsabilidad» por los fallecidos vinculados al coronavirus, mientras que el 52 % cree que el mandatario sí tiene algo de culpa.

 

EFE