
La República Islámica de Irán enfrenta protestas cada vez más violentas y una deslegitimación popular creciente que, según analistas, solo se detendrá con mejoras económicas impulsadas por un entendimiento con Estados Unidos.
Las manifestaciones económicas de diciembre y enero han sido las más letales desde 1979, con más de 3.000 muertos según autoridades iraníes y ONGs críticas, y destrucción callejera sin precedentes.
Estos forman parte de una serie reciente: en 2017 y 2019 por cuestiones económicas (25 y 321 muertos, respectivamente), y en 2022 por el velo islámico (unos 500 fallecidos), mayoritariamente civiles.
La escalada de violencia y represión refleja polarización, desesperación popular y capacidad estatal para sofocarlas, sin salida clara a la vista.
«El futuro es sombrío; el problema radica en la economía, que el régimen no resuelve, motor de estas protestas», afirma a EFE el iranólogo Raffaele Mauriello, quien añade que Irán «pierde legitimidad a gran velocidad».
Ali Alfoneh, del Instituto de los Estados Árabes del Golfo en Washington, coincide: «Irán está en bancarrota ideológica y económica. Las sanciones de EE.UU., agravadas por mala gestión y corrupción, empobrecen al país».
La clase media urbana educada ahora rivaliza en pobreza con los estratos bajos, por inflación del 40%, devaluación del rial y barreras comerciales.
Sin participación política real, las protestas son el principal canal de expresión, con una generación Z más violenta y reactiva, según Alfoneh. Mauriello atribuye la rabia a la crisis económica sin salida.
Amnistía Internacional califica la respuesta estatal como “masacre”, con millas de manifestantes desarmados abatidos.
Sin soluciones inmediatas
A pesar de la pérdida de apoyo, el régimen retiene lealtad de millones, respaldado por una Guardia Revolucionaria y Ejército cohesionados. No hay alternativa interna viable, ni la oposición exiliada —como Reza Pahlavi— logra unirse.
“No veo solución a corto plazo”, advierte Mauriello, profesor en Teherán, previendo más polarización y violencia.
Alfoneh anticipa protestas persistentes que erosionarán las instituciones represivas. Ambos coinciden: solo un pacto con EE.UU. que las sanciones del levante estabilizarán la economía y frenarán la espiral.
“Acuerdo con Washington, fin de sanciones y evolución del sistema”, propone Mauriello. Alfoneh especula con un cambio de liderazgo facilitado por figuras iraníes y el presidente Trump, similar a Venezuela.
Trump ha desplegado una “flota enorme” cerca de Irán, avivando temores de intervención.
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