
El senador colombiano Iván Cepeda Castro lleva la política en las venas. Con una vida dedicada al activismo por los derechos humanos, las víctimas del conflicto armado y los procesos de paz, el líder del oficialista Pacto Histórico llega como favorito a las elecciones presidenciales de este domingo, buscando suceder al presidente Gustavo Petro.
Filósofo de 63 años, Cepeda es hijo de la líder de izquierda Yira Castro y del senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994 por agentes del Estado en complicidad con paramilitares. «La muerte de mi padre me reorientó y me convirtió en lo que soy hoy», confesó el candidato en 2019. Su propuesta actual defiende un proyecto centrado en la justicia social y la lucha anticorrupción, bajo la premisa de que «Colombia no puede seguir atrapada en la violencia y la exclusión».
Infancia marcada por el exilio
Su niñez transcurrió entre la Unión Soviética y Cuba debido a la militancia de sus padres, y años más tarde debió exiliarse en Francia por amenazas ligadas a su labor humanitaria. En Europa se formó académicamente: se graduó en Filosofía en la Universidad de San Clemente de Ohrid de Sofía (Bulgaria) y cursó una maestría en Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Católica de Lyon (Francia). El magnicidio de su padre lo convirtió en una de las voces más firmes en la denuncia del exterminio de la Unión Patriótica durante las últimas décadas del siglo pasado.
Del activismo al Congreso
Antes de saltar a la política institucional, Cepeda cofundó el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice). En 2010 fue elegido representante a la Cámara por el Polo Democrático Alternativo y, cuatro años después, dio el salto al Senado, donde ha mantenido su curul desde entonces.
Su notoriedad nacional escaló por sus agudos debates sobre los vínculos de sectores políticos y empresariales con el paramilitarismo. Estas denuncias detonaron un histórico enfrentamiento judicial con el expresidente Álvaro Uribe. Tras una demanda de Uribe contra Cepeda en 2012 por presunta manipulación de testigos, la Corte Suprema de Justicia terminó archivando el caso del senador y abriendo, en su lugar, una investigación formal contra el exmandatario por presunto fraude procesal y soborno, consolidando a Cepeda como el principal contradictor del uribismo.
Además de su rol legislativo, entre 2012 y 2016 participó activamente como facilitador en los diálogos de paz de La Habana con las antiguas FARC, e intervino en los acercamientos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
La apuesta presidencial
Acompañado en la fórmula vicepresidencial por la senadora indígena Aída Quilcué, Cepeda propone para el país «tres revoluciones pacíficas: ética, económica y política». Su programa busca profundizar las reformas sociales vigentes, acelerar la implementación del acuerdo de paz, fortalecer la reforma agraria y avanzar en la transición energética, en un escenario colombiano que sigue fuertemente marcado por la polarización.
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