La escritora y periodista venezolana Karina Sainz Borgo publica la novela 'Nazarena' (Alfaguara). EFE/Editorial Alfaguara/Diego Lafuente

La escritora y periodista venezolana Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982), que publica su nueva novela Nazarena (Alfaguara), ve con mucho escepticismo un posible proceso de transición política en Venezuela tras la intervención militar estadounidense y la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, «ha descabezado el régimen, pero la osamenta del monstruo sigue intacta», enfatiza en entrevista con EFE. Residente en España desde 2006, regresa ahora a su país de origen con una historia sobre la descomposición de una familia atravesada por la locura y la violencia a finales del siglo XIX.

La publicación coincide con el estreno en toda América Latina de la película Aún es de noche en Caracas, adaptación de su aclamada primera obra La hija de la española, dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugas y producida por Edgar Ramírez, en la que trata el duelo por una madre y por un país sumido en la violencia.

Escepticismo ante Delcy Rodríguez y agenda de Trump

«Una transición con Delcy Rodríguez (presidenta encargada) es una continuación del régimen chavista», precisa la escritora, que ve a la actual mandataria y al presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, «tan juzgables» como Maduro. «Si hay una agenda con Estados Unidos, claramente es una agenda económica, yo no la veo como una agenda política», sostiene.

En cuanto a las excarcelaciones de presos «políticos», Sainz Borgo rechaza hablar de «liberación» por la falta de garantías y libertades, y critica las restricciones en casos como el del exdiputado Juan Pablo Guanipa, sometido a arresto domiciliario ahora después de que fuera excarcelado.

«No me creo ni un palmo de que la agenda de Trump sea una agenda democrática. Cuando yo vi mi ciudad bombardeada por Estados Unidos, a mí me pareció ofensivo y terrible: ¿cómo hemos podido llegar hasta aquí? Entiendo que la captura y la extirpación de Maduro tuviera un elemento reparador, pero eso no es justicia, eso es una extracción y es una intervención extranjera», incide.

Una saga familiar y un fin de ciclo

Basada en una historia de su propia familia, que la autora lleva al terreno de la hipérbole, la metáfora y la fantasía, Nazarena forma parte de un ciclo de novelas que empezó con La hija de la española y continuó con El tercer país. «Podría decirse que es la precuela», afirma.

Con ecos del escritor mexicano Juan Rulfo y del español Federico García Lorca, la historia principal transcurre en una casa familiar donde ocho hermanas conviven bajo la sombra de una madre devastada por una pérdida.

La protagonista, Nazarena, es la séptima, y barre obsesivamente el patio para ahuyentar las desgracias. «En el fondo son ocho hermanas peleándose por una casa. Una familia en la que algunos llegan a preferir que la casa se queme antes de que otros la hereden, lo cual es una metáfora política de muchas cosas y creo que sigue estando bastante vigente», asegura.

Sus principales referentes han sido las sagas canónicas. «Quería contar estas historias de fin de ciclo», explica, y hacerlo con «el ruido de la furia» del autor estadounidense William Faulkner y con un narrador poco fiable como es una persona con problemas mentales: «No dejan de ser personas heridas e incapaces de entenderse con el mundo en el que habitan».

Dice sentirse deudora de una generación anterior de escritoras latinoamericanas, especialmente la chilena Isabel Allende con La casa de los espíritus, «probablemente la primera voz femenina hispanohablante que tiene una proyección lo suficientemente grande como para ser asimilada». Pero a la vez, más próxima a otras autoras de su generación como las argentinas Samanta Schweblin y Mariana Enríquez.

«Las escritoras que estuvieron antes, entiéndase Marcela Serrano (chilena), Laura Esquivel (mexicana), tuvieron que pagar ese peaje de escritoras íntimas, de historias intimistas, domésticas».

La escritura de Sainz Borgo tiene un tono oscuro, violento, a veces incluso de pesadilla. «A mí los personajes que me interesan son principalmente femeninos, casi todas malas madres o hijas, malos herederos, pésimos herederos», dice. Y lo atribuye a sus circunstancias vitales. «Lo violento forma parte de mi manera de entender y ver el mundo».

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