
El pasado 18 de junio de 2026, se revelaron los impactantes detalles de la odisea de la montañista Purnima Shrestha, quien sobrevivió tras quedarse sin oxígeno en la «zona de la muerte» del Everest. Una falla en su bombona en el punto más alto del planeta transformó su éxito en una pesadilla instantánea, donde cada segundo de agonía ilustra el límite de la resistencia humana.
El colapso físico a gran altitud
A más de 8.000 metros sobre el nivel del mar, en el Everest, el cuerpo humano entra en una fase de supervivencia límite. A esta altura, los escaladores solo disponen de un tercio del oxígeno presente a nivel del mar. Los expertos advierten que, sin asistencia artificial, un cuerpo sano colapsa en pocas horas debido a respuestas extremas del organismo ante el entorno:
Edema cerebral de altura (ECA): Falta de oxígeno que inflama el cerebro, generando confusión, alucinaciones y conductas irracionales que desengachan a los escaladores de las cuerdas de seguridad.
Edema pulmonar de gran altitud (EPGA): Acumulación de líquido en los pulmones que provoca taquicardia y la expectoración de una característica mucosidad rosada y espumosa.
Congelación por frío extremo: A temperaturas de hasta -40°C, el cuerpo activa un mecanismo de defensa que desvía la sangre a los órganos internos, provocando la muerte celular (necrosis) en las extremidades.
¿Cómo se llegó a este escenario crítico?
El riesgo en la cima se ha agudizado debido a una masificación sin precedentes. Durante la última temporada de escalada, que concluyó en mayo de 2026, la junta de turismo de Nepal registró un récord histórico de más de 1.000 personas coronando la cumbre.
Este flujo masivo provoca aglomeraciones en puntos críticos como el Escalón de Hillary —un tramo vertical de 12 metros que solo se puede ascender de uno en uno—. Las largas esperas a la intemperie congelan a los alpinistas y agotan sus reservas de oxígeno antes de iniciar el descenso, sumándose a una estadística fatal que ya supera los 300 fallecidos desde la década de 1920.
Las misiones de rescate en la zona de la muerte son casi imposibles, ya que los helicópteros rara vez operan por encima de los 6.500 metros. Pese a esto, existen milagros biológicos: en esta misma temporada, un guía nepalí llamado Dawa Sherpa sobrevivió tras pasar seis días desaparecido a 7.500 metros de altitud, alimentándose exclusivamente de hielo y unos pocos chocolates que tenía en su bolsillo.
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