Cuando recrea su gol de hace casi 40 años contra Bulgaria, uno de los más bellos de las Copas del Mundo de fútbol, el mexicano Manuel Negrete cuida los detalles y cambia los tonos de su voz, como uno imagina que hacían los antiguos al contar sus historias a la orilla del fuego.

«Me acuerdo desde que salió la pelota de nuestra área; me la dieron, hice un cambio de juego a la izquierda. Ahí mi compañero Raúl Servín se fue, se la quitaron, pero hubo un rechazo de Carlos Muñoz y Hugo Sánchez la recibió de espaldas», cuenta antes de hacer una pausa para crear tensión.

Narra cómo el defensa Rafael Amador tocó la pelota por el lado derecho, se la dio y, tras un control, la sirvió a Javier Aguirre, quien se la devolvió alta para que él invirtiera sus 1,70 metros de estatura y con una elegante media tijera, la metiera en la red.

El domingo 15 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, en el minuto 34 del partido de octavos de final contra los búlgaros, Negrete le dio a México una ventaja que luego amplió a 2-0 para acceder a cuartos, pero más que el hecho, lo recordado casi cuatro décadas después es la belleza del lance.

Ahora Manuel es un señor de 67 años, con canas y arrugas, pero mantiene intacta la memoria y vital la capacidad para contar historias.

«Estaba preparado para un momento como el que viví porque entrenaba mucho el tenis-balón; hice goles en México muy bonitos. Me gustó uno en 1985 ante Puebla en los cuartos de finales del torneo de liga», recuerda.

Se refiere a una obra artística firmada en el campeonato de México el 12 de mayo de ese año, cuando aceptó un centro de Servín, se sacudió a la defensa, se acomodó el balón con el pecho y con un medio giro, como de clavadista, venció al guardameta para darle a los Pumas UNAM un triunfo por 2-0.

«Fue mejor que el que le hice a Bulgaria, pero el Mundial es otra cosa. Aquel día en el Azteca me vio todo el mundo y quedó grabado en la memoria de mexicanos y extranjeros», explica.

En cuartos de final, México empató sin goles con la poderosa Alemania y fue eliminada en los penaltis por 4-1, con un único gol de Negrete, quien confirmó su excelente momento de forma deportiva al vencer al mítico portero Harald Schumacher.

«Era impresionante, sin embargo, yo andaba bien, con confianza y lo pude vencer. Luego mis compañeros fallaron y llegó la tristeza», señala.

Meses después, Negrete fue fichado por el Sporting de Lisboa, que en 1986 le ganó al Barcelona en dieciseisavos de final de la Copa de la UEFA, aunque después fue eliminado.

«Luego, ya no tuve oportunidad de jugar. Me fui al Sporting de Gijón y no tuve minutos en cancha. Entonces, regresé a México», relata.

Dos horas antes del duelo contra Bulgaria, Javier Aguirre le dijo que aquel partido era su oportunidad para brillar si quería emigrar a Europa. Negrete le hizo caso de la mejor manera: con un gol que comparan con el inolvidable de Maradona ante Inglaterra.

«El de Maradona fue tremendo, se llevó a los jugadores de Inglaterra y anotó de zurda. Tiempo después pusieron dos placas en el Estadio Azteca, una por mi gol, una por el suyo», recuerda.

Manuel Negrete ganó dos títulos de la liga de México, además de ser tres veces monarca de la Concacaf. Sin embargo, nadie lo identifica con números. Pasó a la historia por haber anotado uno de los goles más bellos en los Mundiales.

Es la historia que cuenta con aire de antiguo ante el fuego si le preguntan cómo hizo para crear arte donde otros hacen deporte.

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