La diplomática ecuatoriana María ?Fernanda Espinosa, nominada por Antigua y Barbuda para unirse a la carrera por la secretaría general de la ONU, habla durante una entrevista con EFE este miércoles en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York (EE.UU.). EFE/Jan Téllez

La diplomática ecuatoriana María Fernanda Espinosa, recientemente propuesta para suceder a António Guterres en la Secretaría General de las Naciones Unidas, ha trazado las líneas maestras de lo que sería su gestión. En una entrevista con EFE, Espinosa subrayó que la organización se encuentra ante una necesidad «estructural de repensar el sistema» para dejar de ser un actor reactivo ante las tragedias humanitarias.

Para Espinosa, la mayor carencia actual de la organización reside en su incapacidad de anticipación. «La gran deuda que tiene la ONU en este momento es fortalecer una arquitectura de prevención de conflictos. Lo más importante es poder invertir en prevenir y no llegar siempre tarde», declaró en la sede de la ONU en Nueva York.

La candidata, quien ya presidió la Asamblea General (2018-2019) y ocupó las carteras de Defensa y Cancillería en su país, considera que la ONU debe ser la primera en alertar y tener presencia física en las zonas donde se gestan las amenazas a la paz, cumpliendo así con el mandato original de su Carta fundacional.

Mediación y la influencia de Estados Unidos

En el complejo escenario multipolar actual, Espinosa reconoce el valor de mediadores regionales como Catar, Egipto o Pakistán, pero insiste en que la ONU debe abandonar la sala de espera. «Lo que tiene que hacer es acompañar, decir: ‘aquí estoy, soy parte de la solución’, y no estar esperando afuera a ver si le abren la puerta», enfatizó en relación con las tensiones en el estrecho de Ormuz y el conflicto en Gaza.

Respecto a la Junta de Paz para Gaza impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la diplomática evitó el tono de confrontación que mantienen algunos sectores del Consejo de Seguridad. Para Espinosa, estas iniciativas deben verse como un «complemento» y no como una competencia, asumiendo con pragmatismo que la ONU «no es la única que va a hacer magia para resolver los conflictos».

La diplomática ecuatoriana María ?Fernanda Espinosa, nominada por Antigua y Barbuda para unirse a la carrera por la secretaría general de la ONU, habla durante una entrevista con EFE este miércoles en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York (EE.UU.). EFE/Jan Téllez

El papel de América Latina: Venezuela, Haití y Cuba

Como «mujer orgullosamente ecuatoriana», Espinosa instó a la región a abandonar la pasividad y sumar esfuerzos diplomáticos para afrontar crisis que ponen en riesgo el desarrollo latinoamericano. Hizo mención especial a Venezuela, señalando que se encuentra en un «proceso de transición» donde la presencia regional es vital.

Asimismo, calificó de «desgarradora» la situación en Haití y abogó por un futuro de paz para Cuba, «libre de necesidad». No obstante, mantuvo una postura cauta y evitó pronunciarse directamente sobre las recientes presiones de la administración Trump hacia la isla caribeña.

La carrera por la sucesión

El proceso para elegir al sucesor de Guterres, que asumirá el 1 de enero, está marcado por un clamor creciente: que la próxima persona al mando sea una mujer y de origen latinoamericano, cumpliendo con la rotación regional no escrita. En los 80 años de historia de la ONU, el cargo siempre ha sido ocupado por hombres.

Espinosa compite en una lista que incluye a figuras de peso como la chilena Michelle Bachelet, la costarricense Rebeca Grynspan, el argentino Rafael Grossi y el expresidente senegalés Macky Sall. De resultar electa, Espinosa no solo sería la primera mujer en el cargo, sino que consolidaría el retorno de la influencia diplomática del sur global en el organismo más importante del mundo.

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