Bruselas.- La mejora de la calidad del aire en la Unión Europea (UE) evitó 60.000 muertes prematuras al año por la alta concentración de partículas finas en 2018, una mejoría del 54 % respecto a 2009 atribuida a las políticas climáticas y que, pese al avance, sitúa en 379.000 el total de muertes anticipadas.

A ello se añaden 54.000 decesos tempranos ligados al dióxido de nitrógeno (NO2) y otros 19.000 fallecimientos prematuros relacionados al ozono troposférico (O3), según el informe de 2020 de la calidad del Aire de la Agencia Europea del Medioambiente.

«La calidad del aire está mejorando gracias a las políticas climáticas que estamos implementando en la última década», declaró este lunes en rueda de prensa el comisario europeo de Medioambiente, Virginijus Sinkevicius, durante la presentación del informe.

El comisario, no obstante, subrayó que con cerca de 400.000 muertes prematuras al año en la UE (incluyendo el Reino Unido, pues en 2018 era aún Estado miembro) no se puede «olvidar el lado negativo».

«Nos afecta a todos, pero especialmente a las poblaciones vulnerables: embarazadas, mayores, niños y personas con condiciones médicas previas», agregó Sinkevicius.

El director ejecutivo de la Agencia Europea del Medioambiente, Hans Bruyninckx, agregó que los datos muestran que «también bajan los días que se han superado los niveles permitidos en los Estados miembros», que les ha costado expedientes sancionadores a algunos países, entre ellos España.

Pero matizó que aún existen problemas de muertes prematuras vinculadas a los niveles de ozono, a la crisis climática, los niveles de amoníaco (NH3), atribuibles a que «el decrecimiento de las emisiones del sector agrícola es menor que en otros» y que más del 80 % de los residentes urbanos respira aire contaminado.

Bruyninckx destacó «diferencias geográficas», con peores datos «en los países del este en general», ligados a la utilización de combustibles fósiles como el carbón en cocinas y calefacciones, o una mayor polución en grandes ciudades, como consecuencia del «transporte y patrones de movilidad que no son saludables». Pero evitó hacer una lista de buenos y malos.

El informe muestra que seis estados miembros (Bulgaria, Croacia, República Checa, Italia, Polonia y Rumanía) excedieron los límites de partículas finas en el aire en 2018 y solo cuatro países de los 28 analizados (Estonia, Finlandia, Islandia e Irlanda) se mantuvieron por debajo de los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

«No hacemos ránkings de quiénes son los peores o los mejores», dijo Bruyninckx preguntado sobre el desempeño de cada uno.

CORONAVIRUS

Los datos del programa espacial Copérnico de observación de la Tierra confirman que durante los confinamientos de la pasada primavera la contaminación del aire cayó un 60 % en muchos países europeos, y especialmente en Italia y España, los más afectados. Pero la Agencia Europea del Medioambiente no puede aún hacer una estimación sobre posibles beneficios sanitarios.

También señala que una «causalidad entre la contaminación del aire y la gravedad de las infecciones por covid-19 no está clara y se necesita más investigación epidemiológica», pese a que el informe sí establece que la exposición prolongada a los contaminantes del aire causa enfermedades cardiovasculares y respiratorias, identificadas como factores de riesgo en pacientes de coronavirus.

«Entendemos que es temporal y que no podemos mejorar la calidad del aire confinando ciudades», dijo Bruyninckx, que sí consideró que la caída de los indicadores muestra que las políticas relacionadas con el transporte tienen un claro efecto positivo en la contaminación atmosférica.

EL FUTURO DEL AIRE

La Comisión Europea está embarcada en el diseño de una estrategia para llevar a cero la contaminación del aire, como parte del Pacto Verde Europeo, y el comisario anunció que presentará una reforma de la Directiva sobre calidad del aire en el «segundo semestre de 2022».

Hasta entonces, el Ejecutivo comunitario seguirá vigilando y sancionando a los países que incumplan porque «los límites establecidos se rompen demasiado a menudo», dijo Sinkevicius.

 

EFE