En la imagen un tiburón, animal que pueden ser víctimas masivas de la COVID-19.

Miami.- El escualeno, una sustancia obtenida a partir del aceite de hígado de tiburón y usada en los coadyuvantes de vacunas, hace de esos animales potenciales víctimas indirectas masivas del nuevo coronavirus, dados los millones de toneladas necesarios para fabricar las que protegerán de la COVID-19.

Para obtener una tonelada de escualeno se necesita matar entre 2.500 y 3.000 tiburones, señala Stefanie Brendl, directiva de Shark Allies, la organización que ha investigado el asunto y advertido del riesgo que corren millones de escualos.

Brendl, que lleva dos décadas dedicada a la conservación de unos animales de suma importancia para la salud de los océanos, afirma que Shark Allies no está pidiendo el fin de la investigación y elaboración de las vacunas para no perjudicar a los escualos, sino recordando que existen otras fuentes para obtener el escualeno.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 34 proyectos de vacuna para la COVID-19 han llegado a la fase de evaluación clínica en el mundo y 142 están en una fase previa.

Farmacéuticas, piensen en el planeta no solo en «Dólares» 

Brendl señala que ese compuesto orgánico, que utiliza sobre todo la industria cosmética, se puede obtener a partir de plantas y bacterias y pide a las compañías farmacéuticas que se van a enriquecer con las vacunas de la COVID-19 que no piensen sólo «en los dólares» sino en el planeta.

Aunque pueda parecer raro, resulta más barato para esas compañías el escualeno obtenido a partir del aceite de hígado de tiburón, que sobre todo comercializan países asiáticos, que las alternativas.

Pero para la humanidad y la naturaleza, sin embargo, «lo barato sale caro», puntualiza esta aliada de los tiburones.

Shark Allies llevaba tiempo estudiando las consecuencias en las población mundial de tiburones del uso de escualeno por la industria cosmética cuando surgió la COVID-19 y la investigación tomó un nuevo rumbo, según cuenta Brendl.

Según la organización ecologista, usar tiburones como fuente de escualeno es «corto de miras, de resultados impredecibles y no sostenible» cuando existen alternativas más efectivas que no ponen en peligro a un animal salvaje con una población «finita» que, además, está amenazado por otros motivos.