Notas Pediátricas. Es verdad que un médico pierde los libros?

225

La expresión “ese medico perdió los libros”, es muy utilizada por el vulgo, la mayoría de las veces con la mala intención de desacreditar al profesional en ciernes. Es una mala práctica de las personas que nos ven como semidioses, quienes esperan que nunca fallemos, esperando que hagamos como Jesucristo cuando levantó a Lázaro y lo curó de sus males, con solo decirle “levántate”.  

Tan cierto es que el medico obtiene a través de sus estudios y la práctica diaria el don de recuperarle la salud al ser humano, pero la medicina como toda ciencia, no es infalible, hay fallas que aparecen cuando uno, el médico, menos lo piensa, por ello el médico debe ser un profesional a carta cabal y debe estar presto a corregir y a enmendar la plana cuando sea necesario, debe actuar con ética profesional, con la sinceridad de la que está dotado, lleno de principios y valores altamente honestos y humanitarios. No fallar es obligatorio para nosotros, pero nada tan alejado de la realidad, estadísticamente está demostrado que siempre estamos expuestos al error diagnóstico.

En nuestra cultura, parece un pecado que transitemos por nuestra práctica profesional durante un tiempo bastante prolongado, y que lleguemos hasta el final lucidos y con un bagaje amplio de todo el conocimiento científico, el cual podemos aplicar en nuestra práctica diaria, con la certeza de haber logrado disminuir a su mínima expresión el error médico, no endiosarnos, y reconocer nuestras limitaciones, apoyándonos, cuando sea necesario en otros colegas.

Para los que en un momento dado han utilizado esta expresión despectiva citada arriba, es necesario recordarles ciertos puntos de importancia como los expresaré a continuación.

La Medicina, como toda ciencia, no es exacta, en nuestro trabajo diario nos enfrentamos al riesgo de cometer errores, y por lo tanto tanto nosotros como nuestro paciente debemos enfrentarnos al error diagnóstico.

Cotidianamente encaramos múltiples acciones, emitimos juicios y tomamos decisiones, pero simultáneamente, por diversos y complejos motivos, podemos cometer errores en aspectos que creemos conocer.

 La naturaleza del acto médico es trabajar mirando hacia adelante, con el conocimiento de lo quedo atrás, tratando de modificar favorablemente el curso de las enfermedades minimizando al máximo los errores diagnósticos.

El médico debe reconocer a tiempo donde se está fallando y corregir el rumbo de la terapéutica, si es necesario debe apoyarse en el conocimiento y experiencia de otros colegas y participarles a los familiares, de la manera más sencilla y honesta el porqué de los procedimientos y medicamentos administrados. Nosotros los médicos, como hombres que se cuestionan, le buscamos sentido al acto médico.

La amistad medica como atmosfera primordial que acerca al médico y al paciente, que propicia el encuentro cálido y positivo de dos personas debe prevalecer por sobre todas las cosas en la relación médico-paciente. “El más hondo fundamento de la medicina es el amor” (Paracelso).

La ciencia que poseemos y cultivamos cada día es importante, pero en la relación médico-paciente no solo influye nuestra ciencia, sino también nuestra persona, nuestro bagaje, nuestra experiencia lograda por tantos años de ejercicio profesional. Los médicos debemos evitar el espejismo de tratar el cuerpo como una máquina, como quien armado de alta tecnología se ocupa de un motor cuya precisión no afina .

La relación entre el médico y el paciente requiere una autentica empatía, el buen médico    debe ponerse en el lugar del paciente .Cuando realizamos el acto médico debemos decirnos la expresión de Sydeham: “Nadie ha sido tratado por mí de manera distinta a la que yo quisiera ser tratado si me enfermara del mismo mal”. Existe un progreso innegable del conocimiento médico, que se inició lentamente en el siglo XVII, se hizo más rápido en el siglo XIX y actualmente ha tomado una marcha vertiginosa.

No obstante el médico de hoy no debe dejar a un lado la práctica clínica, la que da el ojo clínico, la que proporciona un sexto sentido para discernir las diferencias sutiles que pueden presentarse entre una patología y otra, para así ayudado del avance tecnológico llevar a casi cero el error diagnóstico.

Citando a Karl Jasper: “cuanto mayor el conocimiento y la pericia científica, cuanto más eficiente la aparatología para el diagnóstico y la terapia, mas resulta difícil encontrar un buen médico, tan solo un médico”. De allí que quien expresa que el “medico perdió los libros” lo hace con la mala intención de desprestigiar al médico, el que siempre ha actuado de buena fe y con la mejor buena intención para atender a ese ser humano desvalido que ha perdido su salud.-

Hasta la próxima.-

Dr. Hugo Lezama Hernández.

Pediatra y Puericultor. Egresado de la Universidad de Oriente (UDO). Miembro Activo de La Sociedad Venezolana de Pediatría y Puericultura. Filial Bolívar