

Cuando atacaron Irán el pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel tenían en mente al expresidente iraní Mahmud Ahmadineyad para que tomara las riendas del país, según informó este miércoles el diario The New York Times. El plan, ideado por los servicios de inteligencia israelíes y sobre el cual Ahmadineyad ya había sido consultado previamente, se torció en los primeros compases de la ofensiva, de acuerdo con funcionarios estadounidenses que hablaron bajo condición de anonimato.
Ahmadineyad, quien gobernó Irán entre 2005 y 2013, resultó herido en su propia vivienda en Teherán durante un bombardeo israelí. El objetivo de dicho ataque era abatir a los guardias que lo custodiaban para liberarlo del arresto domiciliario en el que se encontraba. Aunque el exmandatario sobrevivió a las heridas, el incidente provocó que cambiara de opinión y rechazara seguir colaborando con el plan de derrocamiento.
La réplica del «modelo Venezuela»
Este presunto intento encaja con la tesis de que el presidente estadounidense, Donald Trump, buscaba replicar en Irán el «modelo de Venezuela», donde, tras la captura de Nicolás Maduro en enero, la Casa Blanca logró establecer una cooperación pragmática con su sucesora, Delcy Rodríguez.
La revelación del rotativo neoyorquino también deja en evidencia que el propósito principal de la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos era instalar un liderazgo más flexible en Teherán. Esto contrasta con el discurso oficial de Washington, que siempre mantuvo que la ofensiva tenía como único fin neutralizar las instalaciones nucleares y de misiles de Irán.
Las tres fases del colapso de los ayatolás
Según el periódico, Israel había diseñado una estrategia estructurada en tres etapas:
-
Fase 1: El asesinato de los líderes supremos de Irán y la movilización de las fuerzas kurdas para combatir al ejército iraní en las fronteras.
-
Fase 2: Campañas de influencia psicológica y mediática para profundizar la sensación de inestabilidad política interna.
-
Fase 3: El colapso definitivo del régimen de los ayatolás, abriendo paso a la instalación de un «gobierno alternativo» donde Ahmadineyad asumiría el poder.
Sin embargo, la estrategia de transición sufrió otro duro golpe en el primer día de la guerra. Estados Unidos había identificado a varios altos funcionarios iraníes considerados proclives a negociar un cambio político; no obstante, todos ellos murieron en el bombardeo israelí contra el complejo del ayatolá Ali Jameneí, donde se celebraba una reunión de emergencia del alto mando.
Un «títere» inesperado
La elección de Ahmadineyad como posible pieza clave de Occidente en Teherán resulta sorprendente dada la extrema animadversión que demostró durante su mandato contra Washington y Tel Aviv, llegando a declarar en su momento que Israel debía ser «borrado del mapa».
A pesar de su retórica radical, el exmandatario mantiene un fuerte arraigo popular entre las clases bajas y se convirtió en un férreo crítico de sus sucesores, lo que llevó al Consejo de Guardianes a bloquear sus tres intentos de postularse nuevamente a la presidencia en la última década. Una fuente cercana a Ahmadineyad confirmó a The New York Times que el ataque a su residencia fue un intento de liberación, asegurando que en Washington lo veían como la única figura capaz de «desempeñar un papel muy importante» en el futuro de la nación islámica.
¡Síguenos en nuestras redes sociales y descargar la app!








