Las olas y el surf generan millones de dólares. Panamá lo sabe, y ha decidido impulsar tres grandes competiciones de este deporte en sus costas. El reciente Panamericano de Surf en las playas del Pacífico generaron 2 millones de dólares, y en julio celebrará otro campeonato en el Caribe.

El Panamericano de Surf en las playas de Santa Catalina reunió a finales de abril a 400 surfistas procedentes de 19 países, un evento que representó un tsunami económico para este pequeño pueblo de calles de tierra ubicado en la costa del Pacífico.

La Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) aseguró en un comunicado que este evento dejó en Santa Catalina «una derrama económica superior a los 2 millones de dólares y una ocupación hotelera al 100 % de capacidad», un logro que esperan replicar en el futuro.

«La ventaja es a largo plazo. Es el posicionamiento (que logra el destino) por las miles de personas que gracias a este tipo de eventos se enteran de la calidad de la ola de Santa Catalina», afirmó a EFE el administrador general de la ATP, Iván Eskildsen.

Pero más allá de los ingresos directos que el certamen genera, la Autoridad de Turismo de Panamá remarcó a EFE que el impacto global es mayor, ya que el Panamericano de Surf lo siguieron unos 36 millones de aficionados a través de «streaming» y retransmisiones televisivas en Panamá, Canadá, Estados Unidos o España.

Eskildsen adelantó que Panamá desarrolló un plan maestro de turismo sostenible, en el que el surf es la punta de lanza del turismo de aventura en el país centroamericano.

«Cuando los destinos se vuelven atractivos para el surf, genera todo un ambiente alrededor de actividades que comienzan a consolidar» esos lugares, indicó el administrador general.

Así Panamá apostó por el surf en 2022, cuando en Playa Venao, en la provincia de Los Santos, se celebró un Panamericano, repitiendo la experiencia este 2023 en Santa Catalina, y ahora se une en julio Bocas del Toro para cerrar la llamada «trilogía del surf».

El Gobierno panameño invierte unos 800.000 dólares en impulsar estos tres eventos, según reveló Eskildsen.

«Se ha identificado que el surf logra dar un atractivo a los destinos, como parte de ese turismo de aventura, porque por lo general la gente busca la playa. Precisamente en Bocas del Toro buscamos consolidar los tres destinos del surf en Panamá», remarcó.

SANTA CATALINA

El peruano Karín Sierralta, presidente de la Asociación Panamericana de Surf (PASA), se trasladó a Santa Catalina durante la competición, diez días en los que se congregaron en sus playas deportistas de primer nivel, algunos campeones del mundo.

«Cada uno de ellos llega y comienza a compartir los contenidos en redes sociales y eso impacta en la publicidad para el destino», afirmó a EFE Sierralta, que se mantiene como surfista en activo.

Así, aseguró, «vale la pena señalar que la promoción en redes sociales, la generación de contenido y en todos los medios especializados donde rebota la información (…), la ganancia indirecta podría estar superando los 6 millones de dólares».

El beneficio tangible, directo, tampoco es menor. Por ejemplo, añadió, cada uno de estos surfistas pudo haber invertido entre 1.500 a 2.000 dólares en una semana. «Solo en el transporte de tablas, sin contar los gastos de alojamiento, alimentación, transporte interno e hidratación, nos gastamos 300 dólares».

El mercado turístico en Santa Catalina va de la mano del surf, sobre todo en la isla de Coiba, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005, y que está a unos 45 minutos en bote desde el pueblo, que vio prolongarse una semanas la temporada alta (que suele ir de enero a mediados de abril) con este Panamericano.

«La ocupación durante el evento estuvo casi al 100 % (…) todos los lugares estaban llenos. El surf y Coiba es lo que más ayuda a ese movimiento hotelero en Santa Catalina», explicó a EFE el presidente de la Cámara Hotelera de la localidad, Julio Mateo.

En Santa Catalina, según Mateo, hay aproximadamente 400 habitaciones, donde los precios por noche oscilan entre los 17 dólares en hostales y los 126 dólares en los hoteles de alto rango.

Por todo ello esta localidad, que solía dedicarse casi en exclusiva a la pesca, ha visto a pescadores como Oriel Tenorio abandonar las redes para dedicarse a la caza de turistas, a los que enseña el parque natural Coiba y la variedad de especies marinas.

«Desde los ’90 (del siglo pasado) ya existía el turismo de surf, pero desde el 2004 para acá el turismo ecológico ha desplazado la actividad pesquera. Santa Catalina se vende como un lugar turístico y con las mejores olas del Pacífico panameño para hacer surf», subrayó a EFE Tenorio.

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