

En una intervención de marcada dureza diplomática ante la 81° Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contempló públicamente la posibilidad de destruir a la República Islámica de Irán si Teherán no pacta una salida al conflicto bélico que libran ambas naciones, mientras se presentó a sí mismo como un líder eficaz en la resolución de crisis globales.
Desde el atril del plenario en Nueva York, Trump describió la encrucijada estratégica de su administración: «¿Alcanzar un acuerdo con Irán que le permita reconstruirse o aniquilo a la República Islámica y lo hago rápidamente?», cuestionó ante delegados internacionales. La advertencia contrastó con su autodefinición como pacificador global, argumentando que a diferencia de otros gobiernos que «solo hablan de paz», su gestión ha enfrentado de forma directa las amenazas a la seguridad internacional.
Conflicto en Oriente Medio y horizonte en Ucrania
El jefe de la Casa Blanca sostuvo que la intervención armada contra Teherán impidió que el régimen iraní consolidara un programa de armas nucleares, al tiempo que exigió la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz para garantizar el flujo del comercio petrolero mundial. Trump señaló además que prevé concretar un pacto bilateral tras los comicios legislativos estadounidenses del 3 de noviembre, afirmando que las autoridades iraníes esperan el resultado electoral para definir su posición negociadora.
En relación con la guerra entre Rusia y Ucrania, el mandatario estadounidense aseguró que el fin de las hostilidades se producirá «más rápido» de lo proyectado, afirmando que Washington colabora estrechamente con las partes en conflicto para acelerar un acuerdo definitivo.
Proyección de poder militar e invocación de la Doctrina Monroe
El discurso sirvió asimismo para trazar una tajante línea de política exterior hacia el hemisferio occidental. Trump reivindicó la aplicación de la Doctrina Monroe para blindar la influencia de Estados Unidos en América Latina, advirtiendo que recurrirá a la fuerza militar en cualquier punto de la región si considera amenazada la seguridad nacional estadounidense.
Como muestra del alcance de su estrategia, el gobernante citó la operación militar del pasado 3 de enero en Caracas, que concluyó con el arresto de Nicolás Maduro —actualmente procesado por cargos de narcotráfico en tribunales neoyorquinos—. «Nuestras acciones son una prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas se afiancen en el hemisferio occidental», aseveró.
Presión sobre México y retiro de la delegación cubana
En su análisis regional, Trump calificó a México como el «epicentro» del tráfico de drogas en el continente. Pese a manifestar una buena relación con la presidenta Claudia Sheinbaum, le instó a recuperar el control de los territorios dominados por las organizaciones criminales, a las que equiparó con grupos terroristas internacionales como el Estado Islámico.
Finalmente, al declarar que su gobierno busca un «cambio fundamental» en Cuba —país al que describió como un Estado fallido—, los diplomáticos integrantes de la delegación cubana abandonaron el recinto de la Asamblea General en señal de protesta.
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