Caracas. “¡Todo está listo en la iglesia del colegio La Salle para la ceremonia de Beatificación del Doctor José Gregorio Hernández! Será un muy sentido evento, con emotivas sorpresas ¡Las familias venezolanas y de diferentes países del mundo se unirán en oración este viernes 30 de abril!”

De esta manera lo refirieron, varios usuarios de las cuentas digitales en diversas plataformas, para encarar lo que será el proceso de la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández Cisneros, como el “médico de los pobres”.

Hernández Cisneros, que a partir de hoy será beato, nació en  Isnotú, estado Trujillo, entonces de lo que eran llamados los Estados Unidos de Venezuela, el 26 de octubre de 1864, y pereció en la capital del país, Caracas, Distrito Federal el 29 de junio de 1919, siendo un médico, científico, profesor y filántropo de vocación religiosa católica y franciscano seglar venezolano.

Ya con un gran tiempo atrás, en el año 1949, la Iglesia católica comenzó el proceso de canonización para designarlo santo.

En 1986, el papa Juan Pablo II reconoció sus virtudes heroicas y lo declaró «venerable».

El proceso se renovó el 18 de enero de 2019, luego de un milagro atribuido por la Iglesia católica a Hernández en San Fernando de Apure, en el que una niña se recuperó de una herida de bala. El papa Francisco autorizó la beatificación de José Gregorio Hernández, el 13 de junio del 2020.

Fallecimiento

El 29 de junio de 1919 en horas de la tarde, José Gregorio Hernández salió a la esquina de Cardones a atender a una enferma, pero no pudo llegar porque fue atropellado por Fernando Bustamante (un joven mecánico de 28 años de edad, dueño de un Essex) en la esquina de Amadores, La Pastora, Caracas, Venezuela.

El Doctor Hernández cayó golpeándose la cabeza contra el filo de la acera, lo que ocasionó una fractura en el cráneo. De inmediato Bustamante, lo recogió y lo llevó al Hospital Vargas.

En ese momento, que llegaron al centro de salud, no se encontraba ningún médico, entonces fue a buscar a Luis Razetti.

Cuando llegaron al hospital, se encuentran al sacerdote capellán Tomás García Pompa quien le informó que Hernández había fallecido, a sus 54 años de edad.

Razetti firmó el acta de defunción, dicha acta apuntaba que además de la fractura de la base del cráneo certificada, tenía una ligera herida en la sien derecha, y un morado en la misma sien.

Así mismo, las señales del golpe contra el poste de hierro era el brote de sangre por la nariz y la boca, más arriba de las rodillas tenía un franja de morada en ambas piernas.

Una vez examinado y amortajado el cuerpo, fue trasladado a la casa de sus hermanos Cesar Benigno y Sofía Hernández, que poseía el número 57, ubicada en la Avenida Norte, entre Tienda Honda y Puente de la Trinidad.

Hernández es autor de trece ensayos científicos sobre diversas disciplinas, reconocidos por la Academia Nacional de la Medicina, de la cual fue fundador.

Su trabajo reviste importancia por su capacidad como clínico de someterse al rigor del método anatomoclínico que la escuela francesa había llevado hasta el cénit en su aplicación (como en los casos presentados por Hernández sobre tuberculosis, neumonía y fiebre amarilla), por su capacidad de manejar los recursos derivados de las técnicas complementarias de diagnóstico (los datos de la histología patológica, de la bacteriología, de la parasitología y de la fisiología) para lograr una cabal interpretación de los procesos patológicos presentes en el paciente y por su capacidad para crear hipótesis novedosas (los datos de hematimetría en los sujetos de nuestro medio, la descripción de una nueva forma de angor pectoris de origen palúdico).

Personalidad y legado

Era conocido como un profesor culto (hablaba español, francés, alemán, inglés, italiano, portugués, dominaba el latín, era músico y filósofo[cita requerida]) y exigente, y se caracterizaba por la puntualidad en el cumplimiento de sus deberes profesorales. Formó una escuela de investigadores, quienes desempeñaron un papel en la medicina venezolana. Discípulos de Hernández fueron, entre otros, el doctor Jesús Rafael Risquez, quien fue su sucesor en la cátedra de Bacteriología y Parasitología, y Rafael Rangel, considerado como el fundador de la parasitología nacional.

En cuanto a sus creencias, era católico, condición que nunca entró en conflicto con su labor científica, como apunta el doctor Juan José Puigbó: «Su faceta religiosa con todo lo encomiable que sea considerada en el plano místico, no debe opacar el inmenso aporte que realizó a la ciencia médica venezolana».

Redacción SNPD