Donald Trump llegará a Pekín este 13 de mayo para una visita de Estado de dos días, la primera de un presidente estadounidense en ocho años. La visita tendrá lugar en medio de años de mutuas acusaciones, la guerra comercial, varios conflictos mundiales, rivalidad tecnológica y tensiones en torno a Taiwán.
Así, los funcionarios estadounidenses afirman que se debatirán los temas que ellos han denominado «Las cinco B». Este quinteto incluye las compras chinas de aviones Boeing, carne de vacuno y soja estadounidenses, así como la creación de un consejo de inversión y un consejo de comercio, ambos organismos destinados a facilitar el comercio entre ambos países. Al mismo tiempo, la parte china considera que las negociaciones se centrarán en las «Tres T», que incluyen los aranceles, las tecnologías y la cuestión de Taiwán.
Irán y petróleo
Un funcionario estadounidense señaló que Trump intentará presionar a China para que utilice su influencia con Irán y lo convenza de abrir la crucial ruta marítima y alcanzar un acuerdo de paz con Washington.
En este contexto, también podrían abordarse las sanciones estadounidenses contra las compañías petroleras chinas acusadas de comprar petróleo iraní, cuyo cumplimiento China ha prohibido. Al inicio de mayo el Ministerio de Comercio de China destacó que el país asiático «siempre se ha opuesto a las sanciones unilaterales que carecen de autorización de la ONU o de fundamento en el derecho internacional».
Otro tema de gran importancia será probablemente la exportación de elementos de tierras raras, que China restringió en respuesta a los aranceles de Trump. A finales de 2025, Washington y Pekín alcanzaron una tregua comercial preliminar, en virtud de la cual los aranceles estadounidenses se redujeron del 145 % al 19-24 %, y China reanudó la exportación de elementos de tierras raras. No obstante, la vigencia de este acuerdo finaliza en noviembre.
Taiwán
En vísperas de la visita, Pekín ha señalado que Taiwán sigue siendo un tema prioritario en sus relaciones con Washington. «La cuestión de Taiwán afecta a los intereses fundamentales de China y constituye la primera línea roja que no se puede traspasar en las relaciones entre China y Estados Unidos», declaró el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores del gigante asiático, Lin Jian.
Algunos expertos han destacado que China podría insistir en que la Administración de Trump modifique su retórica oficial respecto a Taiwán, manifestando su oposición a la independencia de la isla. Funcionarios estadounidenses, entre ellos Mira Rapp-Hooper, que fue la principal asesora de la Casa Blanca para la región durante la presidencia de Joe Biden, indicaron que un cambio de este tipo en la retórica es poco probable, aunque no descartaron la posibilidad de que Trump haga concesiones a Xi en esta cuestión.
Al mismo tiempo, Jonathan Sullivan, director de programas sobre China en el Instituto de Investigación Asiática de la Universidad de Nottingham, aseveró que, de cara a estas negociaciones, China «se encuentra en una posición bastante cómoda», ya que «ha superado la crisis energética mejor de lo que, en mi opinión, muchos esperaban, y observa cómo Estados Unidos se ve arrastrado al caos que ellos mismos han creado».
Además, algunos expertos aseguraron que Trump se encuentra en una posición vulnerable y que incluso el anuncio de que la reunión ha sido un éxito podría provocar, en lugar de una positiva reacción por parte de la opinión pública, solo preguntas sobre qué concesiones ha hecho el mandatario estadounidense para alcanzar un entendimiento con Pekín. «De hecho, creo que una reunión muy positiva y aduladora podría ser, en cierto modo, el peor resultado posible, porque asustaría al resto de la región […] Si Pekín está muy satisfecho con el desarrollo de la reunión, eso probablemente sea una señal preocupante, en cierto modo, para Estados Unidos y nuestra posición de cara al futuro», afirmó Jonathan Czin, exexperto de la CIA en China que ahora trabaja en la Brookings Institution.
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