Escuchar música es, sin lugar a dudas, una de las actividades más efectivas para mejorar el estado de ánimo. Sin embargo, lo que hasta ahora se consideraba una experiencia meramente subjetiva ha pasado por el tamiz de la ciencia.
El doctor Jacob Jolif, renombrado neurocientífico de la Universidad de Groninga en los Países Bajos, se propuso desentrañar este fenómeno para dar con las canciones más alegres de la historia a través de un enfoque académico.
El patrón del optimismo
Tras exhaustivos estudios en neurociencia cognitiva, Jolif aseguró haber hallado una fórmula matemática capaz de explicar por qué ciertas composiciones generan una sensación inmediata de bienestar. Para llegar a esta conclusión, el experto analizó las preferencias de diversos individuos en el Reino Unido, solicitándoles que identificaran los temas que transformaban positivamente su humor.
Al procesar los datos, el investigador detectó un patrón claro basado en tres pilares: letras optimistas, un tempo acelerado y una clave específica. Un hallazgo sorprendente de la investigación reveló que, al escuchar los temas más efectivos, los oyentes alcanzaban los 150 latidos por minuto, demostrando una respuesta fisiológica directa al estímulo sonoro.
Clásicos que curan el alma
La selección resultante de este estudio funciona como una «playlist definitiva» para la recuperación emocional. En ella conviven géneros como el new wave de los 80 con el rock y la música disco de los 70. Según el ranking de Jolif, la cima de la felicidad musical está liderada por «Uptown Girl» de Billy Joel y «Eye Of The Tiger» de Survivor.
No obstante, el tercer puesto lo ocupa una pieza fundamental de la historia del pop: «Good Vibrations» de The Beach Boys. Lanzada en 1966, esta obra maestra escrita por Brian Wilson y Mike Love destaca por su estructura poco convencional y su armonía vocal, factores que, según la ciencia, estimulan áreas clave del cerebro vinculadas al placer.
Una revolución sonora
El éxito de «Good Vibrations» no es casualidad. Su producción fue considerada revolucionaria para la década de los 60. Wilson utilizó fragmentos grabados en múltiples sesiones de estudio, ensamblándolos posteriormente en un collage musical inédito para la época.
La inclusión de instrumentos exóticos, como el theremín, aportó una textura psicodélica a la música que sigue cautivando a la audiencia décadas después.
Gracias al trabajo de Jolif, hoy sabemos que estas innovaciones técnicas no solo hicieron historia en los charts, sino que también configuraron el mapa perfecto para la alegría humana.
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