
Líderes y miembros de la comunidad cubana en el exilio recibieron con una estruendosa ovación el anuncio del Gobierno de Estados Unidos de imputar al expresidente de Cuba, Raúl Castro. El cargo responde al derribo en 1996 de dos avionetas de la organización humanitaria «Hermanos al Rescate», un ataque perpetrado por cazas cubanos que dejó cuatro víctimas mortales hace treinta años.
El anuncio formal fue realizado desde la icónica Torre de la Libertad por el fiscal general interino de EE. UU., Todd Blanche. Castro, de 94 años y residente en la isla, enfrenta cargos federales por asesinato, conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves, delitos que según la acusación podrían acarrear cadena perpetua o la pena de muerte. Blanche enfatizó que el acusado afrontará la justicia «por su voluntad propia o de cualquier otra forma».
Representantes de la diáspora, como Orlando Gutiérrez (Asamblea de la Resistencia Cubana), celebraron el hecho afirmando que «cesó la impunidad de los verdugos». Por su parte, autoridades locales como el alcalde de Hialeah, Bryan Calvo, y el comisionado de Miami, Rolando Escalona —quien recordó la reciente captura y extradición del depuesto mandatario venezolano Nicolás Maduro—, instaron a Washington a que este proceso no se quede en un acto simbólico y sirva como primer paso para propiciar un cambio de Gobierno real en la isla.
Finalmente, el presidente Donald Trump descartó a través de sus redes sociales que la medida vaya a generar una escalada de tensiones. El mandatario estadounidense adelantó que próximamente ofrecerá declaraciones sobre el bloqueo petrolero que mantiene sobre Cuba, cuya política de presión económica ha profundizado la crisis energética y humanitaria que padece la población civil en el territorio insular.

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