

Juan Rondón, «caraqueño de cepa», no solo habla de plantas; habla de un ecosistema que respira a través de sus manos. Como técnico agrónomo, graduado en Guayana y encargado del Vivero Agroforestal del Parque La Llovizna en Puerto Ordaz, su misión es clara: transformar el espacio en un pulmón capaz de alcanzar la meta de 40.000 ejemplares.

Sin embargo, más allá de las cifras, Rondón ha logrado algo inusual en la gestión pública: convertir un vivero en un punto de encuentro ciudadano.

El vivero como un ente vivo
Cuando Rondón llegó en noviembre pasado, el vivero ya existía, pero necesitaba una reestructuración estratégica. En los mismos 90 metros cuadrados, ha logrado escalar la capacidad productiva, pasando de diez mil a casi nueve mil plantas en poco tiempo, con miras a cuadruplicar la cifra original.
Para Juan, la diferenciación es clave; el parque necesita recuperar su identidad, desde las plantas forestales autóctonas como el araguaney y el roble, hasta el «corredor frutal» diseñado para alimentar a la fauna local, evitando que los animales dependan de la comida procesada de los visitantes.

’Llénate la mano de tierra’: La participación como eje
El eje central de su gestión es el proyecto ‘Llénate la mano de tierra por tu parque’. Esta iniciativa trasciende la simple donación; es un intercambio recíproco. Si el ciudadano no tiene plantas para intercambiar, puede colaborar con insumos esenciales como guantes, herramientas de jardín, rastrillos o bolsas plásticas de alto consumo.
La invitación de Juan es abierta y urgente. No distingue entre instituciones públicas, empresas privadas o ciudadanos de a pie; todos son llamados a ser parte de la solución.
«La batalla contra la contaminación la estamos perdiendo, pero todos respiramos el mismo aire», comentó Rondón, enfatizando que el parque es, en esencia, la oficina de todos.

El incremento de visitantes en fechas clave, como Carnaval y Semana Santa —llegando a registrar hasta siete mil personas en un solo domingo— demuestra que la ciudadanía está respondiendo a la mejora de estos espacios.
Rondón compartió una reflexión que invita a la acción. «Enamórate del ambiente como te enamoras de un carro o de una comida». Para él, basta con una hora de apoyo, un pequeño gesto, para cambiar la realidad del parque.

Juan Rondón sigue ahí, de lunes a viernes, con las puertas del vivero abiertas para quien quiera ensuciarse las manos por el futuro de La Llovizna.
El amor de Rondón por el medio ambiente es un reflejo de su compromiso con la ciudad y sus espacios verdes. Fue precisamente ese encanto, sumado a la tranquilidad que ofrece Guayana —en contraste con el ritmo de Caracas—, el impulso definitivo para su crecimiento profesional en la región.
Rondón invitó a la comunidad en general este jueves 4 de junio al Parque La Llovizna: «Reforestación de más de 500 plantas; la idea es que hagamos este pulmón más sano», explicó.

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