La activista paquistaní Ayisha Siddiqa alerta del impacto de la crisis del clima en su comunidad, donde la "ansiedad climática" es "trastorno de estrés postraumático", y da un ultimátum para abandonar los combustibles fósiles en la COP28, que acoge Emiratos, uno de los principales productores de petróleo. EFE/ Campamento De Justicia Climática SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

La activista paquistaní Ayisha Siddiqa alerta del impacto de la crisis del clima en su comunidad, donde la «ansiedad climática» es «trastorno de estrés postraumático», y da un ultimátum para abandonar los combustibles fósiles en la COP28, que acoge Emiratos, uno de los principales productores de petróleo.

Asesora climática del secretario general de la ONU, António Guterres, y elegida como una de las mujeres de 2023 por la revista Time, Sidiqqa reconoce durante una entrevista con EFE que su lucha está marcada por las experiencias de su infancia como parte de una comunidad tribal en Jhang, en el centro de Pakistán.

«Durante siglos, mi familia ha dependido del río Chenab, que es uno de los más grandes de Pakistán (…) La gente va a pescar, vivimos a orillas del río, construimos nuestras casas al lado del río», explica la joven de 24 años desde el Líbano, donde hoy participa en un Campamento de Justicia Climática.

Sin embargo, todo cambió después de que alrededor de 2008 el Gobierno empezara a construir presas «hidroquímicas» en el Chenab para tratar de mitigar la «enorme crisis energética» en el país y reducir los cortes de luz que, según recuerda Siddiqa, se prolongaban durante «horas y horas».

ADIÓS A LA SALUD Y AL SUSTENTO

La activista denuncia que las presas filtraron «toxinas químicas» directamente al agua y atribuye a la contaminación del río la aparición de una serie de enfermedades en la zona, incluidos cánceres que «a la rapidez con la que estaban creciendo no fue una coincidencia».

Su abuelo sufrió un cáncer, la aldea registró una oleada de polio, su primo adquirió tétanos «también como resultado de toxinas en el agua» y sus tíos parecieron afecciones renales.

«Cuando fuimos al médico para preguntar qué había pasado, nos dijeron que nuestra agua está contaminada. Y esta contaminación es reciente», relata la también confundadora de la alianza global «Polluters Out».

La joven se mudó eventualmente a Estados Unidos, una decisión que le permitió convertirse en la primera mujer de su familia en obtener estudios superiores y sin la que, reconoce, su carrera como defensora medioambiental habría quedado aplastada bajo las duras condiciones del día a día.

Comenta que para una tribu como la suya, hasta hace pocos años acostumbrada al trueque, a cultivar su propia comida y a elaborar sus propios productos, la rápida transición a una economía capitalista y de mercado es «realmente, realmente difícil».

«Todo esto es muy nuevo, hacer dinero es algo muy nuevo (…) Y con toda la contaminación, también llegó pobreza a gran escala a la región, porque antes podíamos alimentarnos a nosotros mismos, vestirnos a nosotros mismos y vivir de la tierra», lamentó.

A su juicio, no se debe pasar por alto el impacto psicológico de vivir siempre alerta.

«Lo que aquí llamamos ansiedad climática, para mi país, para mi gente, para mi comunidad es trastorno de estrés postraumático. Cuando escuchamos que va a haber una crecida, la gente cubre toda su casa, saca todo, le decimos a los niños que no salgan; hay tensión en el ambiente, la puedes sentir», afirma.

LA COP28, UNA «PRUEBA» CLAVE

Precisamente, hace justo un año, Pakistán sufrió sus peores inundaciones en más de una década, un desastre que dejó 1.700 muertos, ocho millones de desplazados y alrededor de 33 millones de afectados en el país surasiático.

Fue una de las primeras veces que se vinculó extensamente al cambio climático una catástrofe de este tipo, que no son inusuales durante la época del monzón en ningún país del sur de Asia y que los expertos creen estarían agravándose por los efectos del calentamiento global.

«El Gobierno lo vio como una oportunidad para hacerlo parte de un problema más grande, del cambio climático que está ocurriendo en el mundo, y con ello devolverlo al debate de los recursos y de que el país necesita ayuda financiera», consideró Siddiqa.

Según dice, le «duele el corazón» por que se haya aprovechado el sufrimiento de tantas personas para una reivindicación que se debería haber hecho hace mucho tiempo.

En apenas tres meses, la defensora del medioambiente y los derechos humanos viajará a Dubái para tomar parte en la cumbre del clima COP28, que este año acoge Emiratos Árabes Unidos (EAU), uno de los principales productores de petróleo del mundo.

El por ello, que la asesora de Guterres considera esta cita como una importante «prueba» para la sociedad civil y los gobiernos.

«A menudo, el argumento diplomático es que no podemos eliminar gradualmente los combustibles fósiles sin la industria de los combustibles fósiles. Bien, ahora tienes a la industria de los combustibles fósiles no solo a la mesa, sino gestionando, se tienen que comprometer», llamó Siddiqa.

«Si eso no ocurre, personalmente no sé cuántas más negociaciones podemos tener», zanjó.

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