
¿Puede una heroína salvar una película sin historia? Este 2026, la talentosa actriz australiana Milly Alcock vuela hacia las pantallas como Kara en la recién estrenada Supergirl. Lo que prometía convertirse en una épica aventura intergaláctica, la crítica la ha calificado como un estreno horrendo, probando que ni los superpoderes logran rescatar un libreto carente de rumbo.
La acción de esta entrega se desarrolla a través de paisajes distópicos y pintorescas cantinas espaciales, donde nuestra protagonista, en medio de su crisis personal, interactúa con un desfile de extrañas criaturas con aspecto de goma animadas por Industrial Light & Magic.
¿Cómo se llegó a este nivel de saturación visual? El declive se gestó desde la concepción de la obra: en su afán por emular el estilo visual y la vibra trepidante de las historietas, la producción intentó abarcar demasiadas cosas al mismo tiempo.
Esta ambición desmedida chocó de frente con una trama de una sola nota, sustituyendo el desarrollo genuino de la historia por un espectáculo pesado, empapado de CGI y un tono de sarcasmo constante que nunca termina de aterrizar ni de generar un impacto emocional real en la audiencia.
Origen del personaje
El origen cósmico del personaje en esta cinta se desmarca del conocido mito de su primo Superman: Kara es hija de Zor-El y nació ocho años después de que Krypton comenzara a implosionar, viéndose obligada a pasar su infancia rodeada del apocalipsis punk-rock de su propio planeta antes de la enviarán al espacio.
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