
Los Veintisiete dieron luz verde esta semana a la operación naval Atalanta para llevar a cabo abordajes de verificación de bandera a buques sospechosos de integrar la llamada «flota fantasma» rusa en aguas del océano Índico. La medida fue confirmada este miércoles por la alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Kaja Kallas, quien destacó que la decisión «estrecha aún más el cerco» diplomático y operativo sobre Moscú.
De la lucha antipiratería al control geopolítico
Con esta autorización, la UE reconvierte parcialmente el alcance estratégico de la Operación Atalanta, despliegue naval lanzado originalmente en 2008 para garantizar la libre navegación comercial y neutralizar los ataques de piratas somalíes en la región. A partir de ahora, sus efectivos aplicarán el mismo protocolo de inspección que ya ejecuta la misión Irini en el mar Mediterráneo.
Operaciones activas y decomisos en el Mediterráneo
Paralelamente, Kallas ratificó que el pasado lunes la Operación Irini procedió al abordaje del petrolero MV South Star, nave interceptada bajo la sospecha de «navegar bajo bandera falsa en claro incumplimiento del derecho marítimo internacional». La misión Irini, activa desde 2020, tiene como eje central el cumplimiento del embargo de armas a Libia, el combate al tráfico de personas y la neutralización del contrabando de crudo.
Sanciones respaldadas con acción en el mar
La jefa de la diplomacia europea justificó el despliegue asegurando que cada viaje marítimo no regulado contribuye directamente a financiar el esfuerzo militar del Kremlin. «Cada travesía ilícita ayuda a sostener la maquinaria bélica de Rusia. Estamos combinando nuestras sanciones con acción en el mar», sentenció Kallas.
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