

Miles de rescatistas, tanto nacionales como internacionales, apuran a contrarreloj las últimas horas para encontrar sobrevivientes tras los terremotos ocurridos hace casi una semana.
La tragedia ya acumula cerca de 2.000 víctimas mortales —específicamente 1.943, según el balance oficial del Gobierno—, mientras médicos y enfermeras de los hospitales públicos atienden a miles de heridos en condiciones de extrema precariedad.
A pesar de que las probabilidades de hallar vida disminuyen drásticamente tras las primeras 72 horas, los equipos de emergencia se niegan a rendirse. Un reflejo de esta esperanza fue el rescate de un niño de tres años que sobrevivió casi seis días atrapado bajo los escombros en el estado La Guaira, la región costera más golpeada por los sismos.
En esa misma zona, concretamente en la localidad de Catia La Mar, un contingente de salvamento completó la noche del martes más de treinta horas de intensas labores para liberar a Hernán Gil.
El hombre, que trabajaba como vigilante y quedó atrapado en la garita del sótano de un edificio, se mantiene con vida y ha recibido hidratación desde su localización el pasado domingo.
Debido a la complejidad de las tareas de rescate y la urgencia del momento, el silencio se ha vuelto vital: las autoridades han extendido llamados vecinales para apagar cualquier fuente de ruido, con la esperanza de percibir el más mínimo indicio de vida entre las ruinas.
Hospitales colapsados y la realidad en los cementerios
Paralelamente, el sistema de salud enfrenta un panorama desolador. El presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez, informó que 6.461 personas han sido rescatadas por los cuerpos de emergencia, mientras que entre 13.400 y 13.500 lograron ponerse a salvo por sus propios medios o con ayuda familiar.
No obstante, la mayoría de los 10.571 heridos satura los centros asistenciales de Caracas. En el Hospital Miguel Pérez Carreño, el personal médico trabaja en jornadas extenuantes de hasta dieciséis horas diarias. La gravedad de los pacientes es extrema; según testimonios del sector de pediatría, cerca del 60 % de los ingresados ha requerido algún tipo de amputación.
El impacto del doble terremoto también se evidencia en los cementerios y crematorios de la capital, cuyas capacidades se encuentran al límite.
Trabajadores del Cementerio del Este reportaron el ingreso constante de decenas de cuerpos diarios desde el inicio de la emergencia, describiendo escenas desgarradoras de familiares que deben dejar los restos de sus hijos para regresar rápidamente a los lugares del desastre a seguir removiendo escombros en busca de otros allegados.
Refugios, suspensión de clases y despliegue de ayuda internacional
La pérdida de infraestructura ha dejado a miles de ciudadanos durmiendo a la intemperie. Ante esta crisis habitacional, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través de la directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en el país, Stephanie Hochstetter, estimó que prevén asistir a medio millón de personas en los refugios habilitados.
Aunque ya se distribuyen paquetes de comida de emergencia, el organismo realizó un llamamiento internacional inicial por cincuenta millones de dólares, advirtiendo que dicha cifra no cubrirá la totalidad de los daños. En el ámbito civil, mientras las actividades laborales se retoman de forma progresiva, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, extendió la suspensión de las clases por el resto de la semana.
Las evaluaciones oficiales registran 855 edificios afectados, de los cuales 189 colapsaron en su totalidad.
Finalmente, la solidaridad internacional se ha desplegado por vía aérea y marítima. El ministro de Defensa de Brasil, José Múcio, visitó el país junto a representantes del Ministerio de Ciudades y de la Caixa Econômica Federal para coordinar la reconstrucción de viviendas e infraestructura.
A este esfuerzo se sumaron Ecuador, con el envío de catorce toneladas de ayuda; México, con plantas eléctricas de emergencia y víveres; y Argentina, que aportó dos nuevos aviones con personal de asistencia y material de rescate.
Asimismo, los países del Mercosur iniciaron un proceso de asistencia conjunta, mientras que en el sector privado, las Grandes Ligas del Béisbol estadounidense (MLB) y su Asociación de Jugadores anunciaron una donación de un millón de dólares destinada a la Cruz Roja para mitigar la emergencia humanitaria.
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