El agente de Venezuela ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), Samuel Moncada, rechazó este miércoles de manera tajante la competencia del máximo tribunal de las Naciones Unidas en el litigio con Guyana por el territorio del Esequibo. Durante su intervención en las audiencias celebradas en La Haya, Moncada subrayó que Venezuela nunca ha dado su consentimiento para someter esta disputa de 160.000 kilómetros cuadrados a la decisión de ninguna corte o tribunal arbitral.
Una postura histórica y estructural
El representante venezolano enfatizó que la negativa a reconocer la jurisdicción de terceros en temas de integridad territorial no es una táctica reciente, sino una política constante que ha mantenido el país por casi un siglo. Según recalcó Moncada ante los jueces, esta posición forma parte del ordenamiento jurídico interno y de la conducta internacional del Estado venezolano, por lo que no puede considerarse una medida circunstancial ni estratégica.
Origen del litigio y el laudo de 1899
La CIJ busca actualmente determinar la validez del laudo arbitral del 3 de octubre de 1899, documento que estableció la frontera entre Venezuela y la entonces Guyana Británica. Caracas declaró la nulidad de dicho laudo en 1962, alegando la existencia de graves irregularidades en su proceso. Por su parte, Guyana acudió a la Corte en 2018 solicitando que se ratifique la validez jurídica y el carácter vinculante de esa delimitación fronteriza.
Defensa del Acuerdo de Ginebra
Pese al desconocimiento de la legitimidad de la Corte, Moncada justificó la presencia de la delegación venezolana para evitar que Guyana redefina unilateralmente la controversia. El agente subrayó que el Acuerdo de Ginebra de 1966 es el único marco jurídico aplicable, el cual obliga a ambas partes a buscar una solución práctica y satisfactoria mediante negociaciones directas, excluyendo la intervención de la CIJ.
Un instrumento de descolonización y paz
Finalmente, Moncada calificó el Acuerdo de Ginebra como un instrumento de paz y descolonización que permitió a Venezuela sentar las bases para la restitución de territorio colonizado por el Imperio británico. Insistió en que una solución negociada es la vía idónea, a diferencia de una decisión judicial impuesta que, a su juicio, implica necesariamente la derrota de una de las partes en lugar de un acuerdo mutuo.
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