
La mayoría de los presos políticos en Venezuela son hombres, pero la lucha por su liberación la encabezan mujeres: madres, esposas, hermanas e hijas. Desde hace un mes, mantienen vigilias permanentes frente a la cárcel El Rodeo I, cerca de Caracas, donde duermen, rezan y protestan, mientras una amnistía podría aprobarse la próxima semana.
Llegaron espontáneamente horas después del anuncio del 8 de enero sobre un proceso de excarcelaciones, que ahora se acelera con la ley de amnistía propuesta por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, según informó el viernes el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez.
Un campamento improvisado de resistencia
Sin planificación inicial, las familias transformaron la vigilia en una comunidad de cuidado frente a la prisión. Su mundo se redujo a la estrecha calle que conduce a El Rodeo I: unas veinte carpas en un pequeño jardín, mesas ocupadas en tiendas cercanas para comidas y bebidas.
«Aquí nos tocó unirnos como familia. A pesar de que hay distintas causas allá adentro, aquí estamos en una sola causa», cuenta a EFE Massiel Cordones, madre del teniente del Ejército José Ángel Barreno, detenido desde 2020 por la ‘Operación Gedeón’, un ataque marítimo frustrado en mayo de ese año.
Esa causa común es la libertad de todos, un «todos» que las incluye a ellas. Massiel, de Falcón, recuerda: «Cuando llegamos, pensábamos que ellos salían de una vez». Durmieron en el suelo hasta recibir donaciones; ahora comparten 45 colchones, con turnos para dormir, repartir comida y guardias nocturnas.
El dolor compartido y las denuncias
Hiowanka Ávila no ha visto a su hermano Henryberth Rivas, detenido en 2018 por un presunto intento de magnicidio, desde el anuncio de excarcelaciones. Las autoridades le prohibieron visitas como represalia, asegura; Solo entra su madre. Hiowanka denuncia maltratos y cicatrices en su hermano: «Estamos presos con ellos».
Esto coincide con reportes de violencia sexual en El Rodeo I, como desnudez forzada e inspecciones genitales a prisioneros y visitantes mujeres, según la Misión de Determinación de Hechos sobre Venezuela de la ONU.

Organización y pequeños logros
El campamento alberga unas 85 familias (hasta 120 en picos). Anotan identidades, excarcelaciones y desaparecidos. «Han habido personas en desaparición forzada que (sus familiares) han podido entrar por primera vez», dice Hiowanka, señalando a una mujer reencontrada con su hermano tras siete años, o a una adolescente visitando a su prima por primera vez.
Foro Penal reporta 863 presos políticos al cierre de 2025 (106 mujeres). Desde el 8 de enero, verifica 380 excarcelaciones, pero 687 siguen detenidos (87 mujeres). El Gobierno habla de 895 liberados, sin listas publicadas.
La red femenina de cuidados
Lorealbert Gutiérrez (19) depende de esta red: cinco familiares presos en El Rodeo I (madre, hermano, pareja —padre de sus hijos—, prima y tía), vinculados a un presunto atentado con explosivos en Caracas. Ella y su hermana adolescente fueron liberadas embarazadas, pero buscan a su familia desde entonces.
Lorealbert elige visitas mientras sostiene su hogar fragmentado: bebé de tres meses con familia paterna, hija de dos años con su hermana de 17 (que pausó estudios), y hermanos menores con la abuela. «Es como una familia», dice del campamento. «Nos apoyamos: si una llora, lloramos todas; si una se ríe, nos reímos todas».
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