
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, posesionó de manera interina al nuevo alto mando de la Policía Nacional y encargó al flamante comandante general, Adrián Álvarez, combatir el «narcoterrorismo» y la delincuencia organizada que amenaza al país. En el acto, celebrado en el antiguo Palacio de Gobierno en La Paz, también asumieron Roger Roca Saavedra como subcomandante y jefe del Estado Mayor, y Franz Cabrera como inspector general.
Durante su discurso, el mandatario instó a no ceder territorios ante el crimen organizado ni permitir que bandas delictivas impongan sus propias leyes. Por su parte, el comandante Álvarez señaló que la prevención frente a la criminalidad será la prioridad de su gestión.
El relevo se produjo tras la renuncia de Mirko Sokol, quien dejó el cargo alegando el fin de su ciclo al frente de la institución. Su salida estuvo enmarcada en polémicas, como sus declaraciones de inicios de agosto en las que sostuvo que la captura del expresidente Evo Morales «no era una prioridad», posición que fue rectificada por el Ejecutivo al declarar la detención del exmandatario como un objetivo central. Morales afronta órdenes de aprehensión por trata agravada de personas, terrorismo y alzamiento armado.
Asimismo, Sokol deja el cargo en medio de una investigación abierta por la difusión de un audio filtrado en julio, en el que supuestamente se revelaba una colecta de 2 millones de dólares para manipular los ascensos y la sucesión dentro de la jerarquía policial.
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