El canciller alemán, Friedrich Merz (i), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un encuentro mantenido el pasado marzo en la Casa Blanca. EFE/EPA/Samuel Corum / POOL

El Gobierno alemán se esforzó este sábado por restar importancia al anuncio de la retirada de unos 5.000 soldados estadounidenses del país. Aunque el ministro de Defensa, Boris Pistorius, calificó el movimiento como «previsible» dentro de la revisión global de tropas de Washington, el impacto trasciende lo simbólico al confirmarse la aparente cancelación del despliegue de armas de alcance intermedio.

El anuncio del Pentágono descolocó al Ejecutivo alemán, especialmente porque el jefe del Estado, Carsten Breuer, y el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, habían regresado recientemente de Estados Unidos con impresiones positivas.

La decisión parece ser una respuesta directa a las recientes declaraciones del canciller Friedrich Merz, quien cuestionó la falta de una estrategia de salida de EE. UU. en su conflicto con Irán, lo que Trump habría interpretado como un motivo para aplicar este «castigo» militar.

La pérdida del escudo de misiles Tomahawk

El aspecto más crítico de esta retirada no es el número de efectivos, sino la cancelación del despliegue de misiles de crucero convencionales Tomahawk. Estos proyectiles, con un alcance de hasta 2.500 kilómetros, estaban programados para llegar en 2026 bajo un acuerdo previo con la administración Biden. Según expertos militares como Carlo Masala, esta decisión debilita la disuasión convencional de la OTAN y deja a Europa desprotegida ante amenazas externas, al no contar con tecnología propia de ese alcance.

El valor estratégico de las bases en Alemania

Pistorius subrayó que mantener una presencia fuerte en Alemania sigue siendo un interés mutuo. El país alberga instalaciones vitales para el ejército estadounidense, como la base aérea de Ramstein, la sede del EUCOM y el AFRICOM en Stuttgart, y el hospital militar de Landstuhl. Desde estos centros se coordina no solo la seguridad europea y el apoyo a Ucrania, sino también operaciones logísticas globales que benefician directamente a Washington.

Un llamado a la autonomía defensiva europea

La retirada afectará a una brigada desplegada y anula la llegada de un batallón de fuego de largo alcance. Ante este escenario, el ministro Pistorius lanzó un mensaje de urgencia a los aliados: «Debemos asumir una mayor responsabilidad por nuestra propia seguridad». Esta postura fue respaldada por la OTAN, que recordó la necesidad de que Europa siga incrementando su inversión en defensa, un camino en el que ya se observan avances tras el acuerdo de 2025 de invertir el 5 % del PIB en el sector.

Reacciones de los aliados transatlánticos

La decisión ha generado preocupación inmediata en los vecinos europeos. El primer ministro polaco, Donald Tusk, fue especialmente crítico al señalar que la desintegración interna de la alianza representa una amenaza mayor que cualquier enemigo externo. Mientras tanto, las amenazas de Trump de extender estas retiradas a países como España e Italia mantienen en vilo a toda la estructura de seguridad continental.

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