Todas las calles de los sectores Buen Retiro y Brisas del sur se encuentran destruidas por los botes de aguas. Foto: Níger Martínez

El agua corre libre, limpia y constante las 24 horas del día. En cualquier otra parte del estado Bolívar, donde el servicio por tubería es un lujo ausente, esto sería un motivo de celebración. Pero en Buen Retiro y Brisas del Sur, dos sectores de la parroquia Chirica de San Félix con más de 60 años de historia, esa misma agua es el enemigo silencioso que se ha llevado sus calles.

Caminar hoy por las calles Los Andes, José Tomás Boves o Anzoátegui es adentrarse en un laberinto de cráteres de todos los tamaños. El agua potable, que brota sin control desde tuberías fracturadas bajo la tierra, ha reclamado el asfalto. Lo que antes eran vías transitables ahora parecen lechos de quebradas por donde el agua baja con fuerza hasta perderse en un terreno baldío cercano, aquel donde alguna vez la alcaldía impidió la construcción de barracas.

Una canasta de promesas que se llevó la corriente

«Ellos pasaron por aquí. Caminaron por la Anzoátegui, por Los Andes, por la Boves… Ellos saben perfectamente en qué condiciones vivimos», relata Yuvis Vivas con la indignación de quien ha visto pasar las mismas promesas campaña tras campaña. Hija de los fundadores de Buen Retiro, Yuvis le exige al alcalde de Caroní y a la gobernación del estado Bolívar que dejen de ver a su comunidad como un simple fortín electoral.

La desidia no solo se mide en el barro de las calles. A pocos metros, lo que debió ser una cancha deportiva para los jóvenes del sector es hoy un monumento al abandono; una losa de concreto gris, solitaria y asfixiada por la maleza, cuyo presupuesto se esfumó antes de que se colocara el primer aro.

La paradoja del agua en Buen Retiro es total. Mientras miles de litros se pierden en la calle destruyendo el asfalto, los vecinos tuvieron que romper la vía pública por su cuenta y conectar mangueras artesanales desde la tubería matriz para lograr que una gota del preciado líquido llegara a la cocina y los baños de sus hogares.

El aislamiento sobre ruedas

La peor consecuencia del abandono vial es el aislamiento. Las cooperativas de transporte público, ante el temor de destrozar los trenes delanteros y los amortiguadores de sus golpeadas unidades, cuyos repuestos se cotizan a precios inalcanzables, decidieron retirar las rutas de la zona.

«Ya casi nadie quiere entrar», comentan los vecinos. Hoy, el transporte formal es un recuerdo. Solo un par de conductores rezagados se atreven a desafiar los huecos en sus viejos autobuses, llegando a duras penas «hasta donde se pueda» para recoger y dejar pasajeros que ahora deben caminar largas distancias bajo el sol de San Félix.

A unas cuadras, en un modesto puesto de comida rápida, otro vecino acomoda sus utensilios mientras vigila de reojo las bombillas. El fantasma de los apagones y las constantes fluctuaciones eléctricas es otra de las batallas diarias. «Ya uno se acostumbra a los bajones, pero hay que estar atentos para desenchufar rápido y evitar que se quemen los pocos electrodomésticos que nos quedan», comenta con resignación mientras el sonido del agua corriendo por la calle rota musicaliza su mañana.

Buen Retiro y Brisas del Sur siguen esperando que Hidroven detenga el desperdicio de agua tratada y que las maquinarias de asfaltado devuelvan la dignidad a sus calles. Mientras tanto, sus habitantes continúan saltando charcos en las mismas vías que sus fundadores abrieron hace más de seis décadas.

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