Una zona de Nepal arrasada por la riada del miércoles. EFE/EPA/NARENDRA SHRESTHA

Cientos de personas esperan a las afueras de un campamento improvisado de la provincia nepalí de Sindhuli a que las autoridades o los equipos de rescate les den información de sus familiares desaparecidos por la riada.

La catástrofe ha causado hasta el momento 362 muertos en Nepal y China, mientras muchos habitantes de la zona continúan huyendo ante el miedo a un nuevo aumento del caudal del río Bhote Koshi.

En esta improvisada base, localizada a unos pocos kilómetros de la zona cero de la catástrofe, los helicópteros transitan continuamente trayendo a las personas rescatadas tras la tragedia ocurrida en el límite con China, la cual ha dejado unos 1.400 desaparecidos a ambos lados de la frontera.

Fuera de este campamento, instalado en el último punto donde la carretera permite adentrarse y al que ha llegado un equipo de EFE, cientos de personas esperan noticias de sus familiares y llevan horas aguardando un nombre, una cara o cualquier información que les permita saber que los suyos continúan con vida.

Más de 300 cadáveres

En suelo nepalí, la Policía eleva por el momento a 359 los cadáveres que ha recuperado, muchos que la corriente arrastró decenas de kilómetros río abajo. Asimismo, los servicios de rescate han puesto a salvo a 445 personas, entre ellas 27 extranjeros, según confirmó a EFE el portavoz de la Policía nepalí de Katmandú, Abhi Narayan Kafle.

En la vertiente tibetana se contabilizan tres fallecidos y 558 personas sin contacto hasta este momento.

Pero la orografía y la falta de internet y cobertura dificultan enormemente conocer el paradero de algunas de las aldeas más remotas, ya que el río ha arrasado puentes, carreteras y caminos, separando a familias a uno u otro lado del valle nepalí.

Cada vez que se oye un helicóptero, la gente se acerca a mirar quién llega, pero la tensión aumenta a medida que pasan las horas y las personas que esperan o las que reciben atención médica tras el rescate empiezan a perder la paciencia porque no obtienen noticias del resto de su familia que no ha evacuado.

Miedo a una nueva riada

La población también siente el miedo a que el río vuelva a crecer de golpe de madrugada o en la noche. La carretera que conecta con la zona cero es un hervidero de gente que transita en dirección contraria, hacia zonas menos afectadas, y que camina con todo lo que puede encima.

Desde la otra dirección transita también un flujo continuo de vehículos militares, ambulancias y maquinarias que tratan de ayudar en esta tragedia.

Los turistas frecuentan esta zona por su belleza natural, que mezcla paisajes montañosos de la cordillera del Tíbet con valles donde desembocan ríos y afluentes, conectados por una red de carreteras estrechas, a menudo de un solo carril, que serpentean por el terreno.

La zona conforma el punto de inicio de algunas de las excursiones y peregrinaciones más importantes del Himalaya, como los viajes organizados hacia Lhasa o el Everest, además de las peregrinaciones al monte Kailash y al lago Manasarovar, lugares sagrados para el hinduismo.

Justo en estos días, centenares de peregrinos indios coincidían en la zona por el festival Janai Purnima, una de las festividades religiosas más importantes del calendario hindú y budista.

En su última actualización de las 17:30 hora local (11:45 GMT), la Junta de Turismo de Nepal (NTB) elevó a 540 la cifra de extranjeros desaparecidos al incluir por primera vez en su censo oficial a 24 ciudadanos chinos (que según Pekín podrían alcanzar el centenar) y a tres portugueses.

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