
El Consejo de Estado de China anunció nuevas normas que exigen una rigurosa revisión de seguridad nacional a las empresas locales que deseen invertir en el extranjero, una medida que frena la expansión global de sus corporaciones justo cuando las exportaciones alcanzan niveles récord.
Estas restricciones se suman a las normativas de abril, diseñadas para intervenir si las corporaciones extranjeras intentaban trasladar sus cadenas de suministro fuera de las fronteras chinas. La escalada de regulaciones surge como respuesta al arsenal de aranceles, contramedidas y sanciones comerciales impuestos por gobiernos de Europa y Estados Unidos ante el dominio del país asiático en tecnologías y materias primas.
Con este marco, las autoridades dividen las inversiones en categorías de fomentadas, restringidas o prohibidas, logrando controlar el movimiento de capital, talento y propiedad intelectual en sectores estratégicos sensibles.
A diferencia de Estados Unidos y la Unión Europea, que restringen la financiación en áreas muy específicas como semiconductores, computación cuántica e inteligencia artificial, Pekín ha definido la «seguridad nacional» de una forma mucho más amplia, abarcando una cantidad significativamente mayor de sectores comerciales.
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