
Sin capital. Sin contactos. Lejos de la capital de Venezuela, considerada históricamente como la ciudad central de las oportunidades. Esa es Gabriela Rodríguez Soledad, una comunicadora social de Puerto Ordaz de 26 años que desde muy temprano tuvo que apostar por sí misma, costearse sus estudios universitarios y luchar por sus propias metas hasta ganarse un lugar en Escocia.

Hoy, forma parte del reducidísimo grupo de venezolanos —menos de cinco este año— seleccionados por el prestigioso programa de la beca Chevening para el período 2026-2027.
¿Qué es el programa Chevening y hasta cuándo postularse?
Chevening es el programa de becas internacionales del gobierno del Reino Unido, financiado por la Oficina de Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo (FCDO) y diversas organizaciones asociadas. Su objetivo fundamental es brindar a futuros líderes y tomadores de decisiones de todo el mundo la oportunidad de cursar una maestría totalmente financiada, asumiendo los gastos de matrícula, boletos aéreos, trámites de visado y otorgando un estipendio mensual.
Actualmente, el proceso de postulaciones para el ciclo académico 2027-2028 se encuentra abierto en Venezuela. Aquellos profesionales que cumplan con los requisitos (licenciatura, experiencia laboral comprobable de al menos dos años y dominio del idioma inglés) tienen la oportunidad de enviar sus solicitudes a través del portal oficial hasta el 6 de octubre de 2026.
La ruta hacia la beca y el destino académico
El proceso de selección de Gabriela no fue un éxito de la noche a la mañana. Se postuló por primera vez a los 23 años, logrando avanzar hasta la fase de entrevistas antes de ser rechazada por falta de consolidación en su plan de carrera. Al año siguiente, ni siquiera fue llamada. Al tercer intento, armada con una visión mucho más sólida plasmada en cuatro rigurosos ensayos (sobre liderazgo, networking, elección universitaria y plan de carrera), superó el filtro de más de 400 postulantes a nivel nacional.

A diferencia de las postulaciones habituales orientadas puramente al periodismo tradicional, ella apostó por el arte y el impacto colectivo. Su perseverancia rindió frutos al recibir oficialmente la carta de admisión de The University of Edinburgh. La joven fue admitida para cursar el programa académico MA in Design for Change. Al compartir el certificado junto a la carta de aceptación en sus redes sociales, la guayanesa celebró anunciando en sus stories: «y bueno nada me voy a estudiar diseño en Escocia». Esta innovadora maestría profundizará en las metodologías del diseño aplicadas a la generación de cambios sociales, políticos y ambientales.
El valor de la educación venezolana y la mirada hacia el exterior
Aunque Gabriela buscará su especialización en Europa, es una defensora de la formación académica nacional. «Subestimamos mucho la educación aquí […] pero es muy buena, nos prepara muy bien», afirma. Al contrastar sus habilidades, comprobó que la base universitaria venezolana otorga herramientas de altísimo nivel para competir en el mercado global.
La decisión de estudiar afuera no nació de un desdén por lo local, sino de una limitación estructural y económica. Las maestrías en Venezuela, especialmente si implicaban mudarse a Caracas, representaban un costo inasumible para alguien que se financia de manera independiente. Además, la oferta académica interna suele inclinarse hacia el marketing o la comunicación corporativa, alejándose de su verdadera vocación: la comunicación visual enfocada en derechos humanos y causas sociales.
«Hay que estar un poquito desquiciado»
Para la joven guayanesa, el mayor obstáculo de muchos talentos en el interior del país es el autosabotaje. «No te detengas porque estás en una ciudad muy pequeña. Conozco a muchas personas más capacitadas que yo que no se atreven porque sienten que no se lo van a dar», reflexiona.
Su filosofía es clara: aplicar a todas las oportunidades disponibles, sin importar cuán inalcanzables parezcan. «Tienes que estar un poquito loco para pensar que puedes lograr las cosas a veces, porque mucha gente no cree». Hoy, Gabriela ya se encuentra instalada en Escocia, enfrentando el drástico cambio de clima y la lejanía de la cultura latina. Allí permanecerá un año antes de cumplir la principal condición de su beca: regresar a Venezuela por al menos dos años para aplicar sus conocimientos y transformar la política y las campañas sociales del país desde la estrategia visual.
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