La proliferación de «zonas muertas» y el temor a vertidos de la «flota fantasma» rusa han puesto al mar Báltico en una situación de vulnerabilidad extrema este junio de 2026. Expertos advierten que el colapso ambiental de este mar, históricamente vital para la economía pesquera, se acelera debido a factores humanos y políticos.
 
El deterioro del Báltico, un mar pequeño, poco profundo y semicerrado, se debe principalmente a la eutrofización: el exceso de nutrientes procedentes de la agricultura —como fósforo y nitrógeno— que provoca floraciones de algas masivas. Al morir, estas algas se descomponen, consumiendo el oxígeno disuelto y dejando el fondo marino inhabitable.
 
Este fenómeno ha creado áreas sin vida que, según los expertos, varían estacionalmente desde el tamaño de Dinamarca hasta superar al de Irlanda.
 
Como precedente de esta fragilidad, la industria pesquera de la isla danesa de Bornholm, epicentro de la crisis, colapsó en 2019 tras la desaparición del bacalao, lo que derivó en la disolución de la asociación de pescadores local en 2024 tras 141 años de historia.
 
A esta crisis ambiental se suma una geopolítica: tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, la comunidad internacional teme que un accidente de los buques mercantes de la «flota en la sombra» rusa, supuestamente mal mantenidos para eludir sanciones, cause un desastre ecológico irreparable en un mar que, debido a sus características, tarda hasta 30 años en renovar sus aguas.
 
 

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