He visto a gerentes con excelentes intenciones técnicas cometer el error más grave de la ingeniería humana: diseñar sistemas que obligan a los compañeros a verse como enemigos. Es la paradoja del incentivo mal calculado: un jefe que quiso motivar mediante la competencia terminó por desintegrar su propia operación.
Mi tesis es directa y éticamente innegociable: Premiar la competencia interna por bonos minúsculos no es incentivar el desempeño; es sembrar desconfianza sistémica.
Cuando la bonificación de uno depende de la pérdida del otro, la empresa pierde a todos. El verdadero liderazgo alinea los incentivos hacia el propósito común, no hacia la guerra civil en la oficina.
La métrica que mata la misión
En gestión, llamamos a esto «incentivos perversos». El caso es real y devastador: una empresa en crecimiento (donde un amigo era Directivo) implementó un sistema de bonificación competitiva donde solo los «mejores» recibían un incentivo económico, mientras que el resto del equipo veía sus beneficios reducidos por comparación.
¿Cuál fue el resultado? Un desperdicio (waste) masivo de energía humana. La colaboración desapareció. Los empleados dejaron de compartir información vital para evitar que el otro «ganara».
La productividad cayó porque el flujo de valor se interrumpió por muros de ego y miedo.
Al final, las renuncias en masa no fueron por el dinero, sino por la toxicidad de una cultura donde ayudar al de al lado era un suicidio financiero.
El jefe persiguió la métrica individual y asesinó la misión colectiva.
Liderazgo estoico: unidad frente a fragmentación
La Gerencia Estoica nos recuerda que estamos diseñados para la cooperación, como los pies, las manos o las dos filas de dientes.
La Justicia (Dikaiosyne) no consiste en repartir migajas para ver quién pelea mejor por ellas; consiste en trabajar por el bien común (Koinonía).
Un líder con Prudencia (Phronesis) sabe que el éxito de una parte no puede ser la ruina de la otra. Si el sistema de incentivos fragmenta al equipo, el líder ha fallado en su tarea principal: la cohesión estratégica. La verdadera Fortaleza (Andreia) no es ganar un bono a costa del colega, sino mantener la integridad y el apoyo mutuo bajo presión.
El desafío del valor compartido
El ROI de una empresa no se mide solo en el balance trimestral, sino en la estabilidad y lealtad de su capital humano. Los incentivos deben ser un reflejo del Kaizen (mejora continua) colectivo, no de una lucha de gladiadores por recursos limitados.
El liderazgo es la arquitectura de la colaboración. Si tus empleados se celebran los errores entre sí para escalar en una tabla de posiciones, no tienes un equipo; tienes una bomba de tiempo.
Audita hoy tu sistema de recompensas: ¿Estás pagando por resultados o por traiciones?
Asegúrate de que tus incentivos unan a tu equipo en torno a un propósito.
Hoy. No mañana.
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