En el complejo ecosistema de las identidades contemporáneas, ha emergido con fuerza un grupo que desafía las convenciones de la antropología moderna y la psicología social: los Therians.
Este colectivo, compuesto por individuos que se identifican intrínsecamente con animales —ya sea de forma espiritual, psicológica o biológica—, ha pasado de los foros recónditos de internet a ocupar un espacio central en el debate público, suscitando una controversia que oscila entre la defensa de la libertad identitaria y la preocupación por la desconexión con la realidad.
La controversia no es baladí. Mientras que para sus integrantes la «theriantropía» es una vivencia genuina de su «animal interior» (o theriotipo), sectores críticos y expertos en comportamiento advierten sobre los riesgos de patologizar o, por el contrario, normalizar en exceso lo que algunos consideran una disociación de la condición humana.
La tensión ha escalado especialmente en entornos educativos, donde el uso de accesorios como máscaras o colas, y comportamientos que imitan lo salvaje, han puesto a prueba los límites de la tolerancia y los protocolos de convivencia escolar.
A diferencia del movimiento furry, que se centra en el arte y el disfraz lúdico, el Therian reclama una esencia no humana permanente. Este matiz es el que aviva las llamas del debate: ¿Estamos ante una evolución de la diversidad subjetiva o ante una manifestación de la crisis de identidad que asola a las nuevas generaciones?
En este escenario se debe actuar como un prisma de objetividad. La controversia de los Therians no es solo una cuestión de «máscaras y bosques», sino un reflejo de las tensiones culturales de nuestra era. La pregunta que queda en el aire, y que la sociedad aún no acierta a responder, es hasta qué punto la autopercepción individual puede redefinir los límites de la especie sin fragmentar el tejido social que nos une como humanos.
El Choque con la Institucionalidad
En el último año, centros educativos en diversas partes del mundo han lidiado con el dilema de cómo integrar a jóvenes que, en lugar de comunicarse verbalmente, recurren a gruñidos o aullidos en momentos de estrés o expresión emocional.
La controversia se divide en tres frentes claros: El frente psicológico: Expertos debaten si estamos ante una nueva forma de disociación o simplemente ante una respuesta adaptativa de una generación que busca refugio frente a una realidad humana cada vez más hostil. El frente social: La preocupación por el «contagio social» a través de plataformas como TikTok, donde la estética de las máscaras artesanales y los saltos cuadrúpedos se ha vuelto viral. El frente identitario: La defensa de que cada individuo tiene derecho a definir su propia esencia, incluso si esta rompe las barreras de la especie.
¿Evolución o escapismo?
El fenómeno Therian actúa como un espejo de las tensiones del siglo XXI. En un mundo hiperconectado y tecnificado, el retorno a lo salvaje parece una paradoja fascinante. ¿Es la theriantropía el último bastión de la libertad individual o el síntoma de una desconexión colectiva con nuestra propia naturaleza humana?
Mientras el debate continúa, los Therians siguen encontrando en la naturaleza un hogar que, según dicen, la sociedad de cemento y leyes humanas nunca ha podido ofrecerles.
¿Existen Therians en Puerto Ordaz?
Aunque el fenómeno Therian ha crecido globalmente gracias a redes sociales como TikTok, en Venezuela y específicamente en Puerto Ordaz, la comunidad suele ser pequeña y de bajo perfil.
Recientemente circuló en redes sociales un encuentro de Therians en la plaza Monumento de la CVG, sin embargo esta fracasó, no se visualizó ningún tipo de reunión en la fecha y hora pautada, sin embargo es de mencionar que la mayoría de los therians en la zona se conectan a través de grupos de WhatsApp, Discord o mediante etiquetas en redes sociales para compartir sus «teriotipos» (el animal con el que se identifican) y la creación de sus propias máscaras.
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