«La decisión está tomada. No vamos a dar el brazo a torcer. Si ahora cedemos, los empleados perderán el respeto».

Escuché esas palabras del Director de Operaciones de una empresa de servicios aéreos mientras le mostraba los informes que demostraban, sin lugar a dudas, que su nueva logística de rutas estaba costando a la compañía cientos de miles de dólares y un desgaste humano inaceptable en las tripulaciones. No había debate, no había análisis.

Solo una afirmación nacida del miedo. Miré al dueño de la compañía y con un café por medio le dije: «Su mayor problema no es la pérdida de dinero. Es tener un líder que prefiere hundir el barco antes que admitir que tomó un mal rumbo».

Cada vez que un líder se aferra a su error con la excusa de la «autoridad», no está demostrando fuerza. Está demostrando que su ego es más grande que su responsabilidad.

Mi tesis es directa y operativamente contundente: La inflexibilidad no es fortaleza, es una jaula. El líder que se niega a reconocer un error ante la evidencia no está defendiendo su autoridad; está sacrificando el futuro de su organización y el bienestar de su gente en el altar de su propio ego.

La verdadera autoridad no reside en tener siempre la razón, sino en tener el valor de corregir el rumbo.

La rendición ante el orgullo

La negativa a ceder no es una muestra de carácter; es una rendición ante el propio orgullo. Ese líder cree que la autoridad es una moneda de una sola cara: la de la infalibilidad. Se equivoca. La autoridad real se construye con la confianza, y la confianza nace de la integridad.

La integridad incluye la capacidad de decir: «Estaba equivocado». Al negarse a hacerlo, el líder no protege a la organización; la expone. Convierte su puesto en un culto a su personalidad y a los demás en meros espectadores de su lenta caída.

En el caso de la aerolínea, el sistema no inmovilizó al director; él mismo se clavó en el trono de su error y se negó a moverse, sacrificando el ROI y la seguridad operativa en el altar de su vanidad.

La terquedad: el disfraz del miedo

Ese director creía que «dar el brazo a torcer» era sinónimo de debilidad. No entendía que la verdadera debilidad es sacrificar el bien común por una imagen personal. La terquedad se disfraza de convicción, pero es miedo al juicio ajeno. La frase «no voy a ceder» es, en realidad, una confesión: «mi ego es más importante que la verdad».

El error es una oportunidad de crecimiento para todos, un momento de Mejora Continua (Kaizen), pero el líder inflexible lo convierte en una sentencia de estancamiento. Mientras tanto, su credibilidad se erosiona con cada decisión errónea que insiste en mantener. La lealtad de su equipo no se mantiene por su firmeza; se desvanece, reemplazada por el resentimiento o, peor aún, por la indiferencia de quienes ya no esperan nada de su guía.

La salida estoica: Humildad Intelectual

La solución no es compleja, pero exige la Fortaleza (Andreia) de mirar hacia adentro. Exige aplicar la Prudencia (Phronesis) para entender que no puedes controlar tener siempre la razón, pero sí tu disposición a aprender.

  1. Reforma tu lenguaje interno: En lugar de «Tengo la razón», pregúntate: «¿Qué parte de la verdad me estoy perdiendo?».
  2. Abraza el dato incómodo: Busca activamente la evidencia que contradice tu postura. No la veas como un ataque, sino como un punto de partida para la corrección.
  3. Sirve, no te impongas: La verdadera autoridad se demuestra en la capacidad de adaptación. El liderazgo no es un derecho a ser incuestionable, es el deber de ser efectivo.

El desafío de la evolución

Te dejo con una reflexión que va más allá de ese director de operaciones y se asienta en tu propio escritorio, en tus propias decisiones. ¿Cuándo fue la última vez que tu orgullo te impidió reconocer un error y corregir el rumbo? ¿A qué costo para tu gente y tu empresa?

El poder no reside en la inmutabilidad de una orden mal dada, sino en la audacia de evolucionar cuando los hechos te gritan que cambies. El resto es solo una rendición disfrazada de mando.

¿Cuándo fue la última vez que diste una excusa en lugar de asumir tu poder para rectificar?

Elige la verdad sobre el ego. Hoy. No mañana.

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