KAFRA (LÍBANO), 11/07/2026.- A apenas un kilómetro de las tropas israelíes que ocupan parte del sur del Líbano, los habitantes de Kafra conviven con el zumbido de los drones y la incertidumbre de no saber si la frágil calma durará unas horas o volverá a romperse, mientras intentan retomar su vida. EFE/Edgar Gutiérrez

A apenas un kilómetro de las tropas israelíes que ocupan parte del sur del Líbano, los habitantes de Kafra conviven a diario con el zumbido constante de los drones y la incertidumbre de no saber si la frágil calma durará unas horas o volverá a romperse, mientras intentan retomar en lo posible su vida normal.

En este pequeño municipio del sur libanés, muy próximo a la línea de contacto con las fuerzas internacionales, la rutina se reconstruye con dificultad entre casas semidestruidas, campos de cultivo abandonados y advertencias directas a los residentes a través de aeronaves no tripuladas.

«A veces emiten sonidos como el llanto de niños; otras, advertencias para que nadie acoja en sus casas a miembros de Hizbulá», explicó a la agencia EFE uno de los pocos vecinos que han regresado al pueblo en las últimas semanas, definiendo estas acciones de guerra psicológica como una forma de tortura.

KAFRA (LÍBANO), 11/07/2026.- A apenas un kilómetro de las tropas israelíes que ocupan parte del sur del Líbano, los habitantes de Kafra conviven con el zumbido de los drones y la incertidumbre de no saber si la frágil calma durará unas horas o volverá a romperse, mientras intentan retomar su vida. EFE/Edgar Gutiérrez

Retorno de los desplazados en medio de la precariedad

Qasem Hamdan, de 41 años y padre de cinco hijos, regresó hace apenas un mes a una vivienda destruida en torno al 50 % de su estructura. Aunque asegura que su familia está feliz por volver, reconoce que conviven con el temor permanente debido a que la aviación rompe la barrera del sonido con frecuencia, haciendo sentir a los niños que el conflicto no ha terminado.

Durante su desplazamiento forzado, Hamdan alquiló una vivienda en Koura, al norte del país, por 1.200 dólares mensuales, acumulando grandes deudas. Actualmente, su grupo familiar duerme en solo dos habitaciones que logró acondicionar con plásticos en los marcos de las ventanas rotas, depósitos de agua perforados por la metralla y un sistema eléctrico precario que depende de suministros privados.

La actividad agrícola que sustentaba a su hogar tampoco sobrevivió al periodo de hostilidades. Sus diez invernaderos y unos 20 kilómetros cuadrados de terreno cultivado quedaron completamente secos durante los meses de ausencia, registrando pérdidas económicas masivas. A esto se suma el temor por las tensiones externas entre Irán y Estados Unidos, lo que ha obligado a muchos civiles a mantener provisiones y maletas listas dentro de sus vehículos ante cualquier orden de evacuación.

KAFRA (LÍBANO), 11/07/2026.- A apenas un kilómetro de las tropas israelíes que ocupan parte del sur del Líbano, los habitantes de Kafra conviven con el zumbido de los drones y la incertidumbre de no saber si la frágil calma durará unas horas o volverá a romperse, mientras intentan retomar su vida. EFE/Edgar Gutiérrez

Paralización económica y comercios sin actividad

El sector comercial de la localidad permanece estancado por la falta de flujo monetario. «Si alguien dice que vendió algo, está mintiendo. No hay ventas, no hay trabajo, aquí no hay vida», relató Hasan Mohammad Fadel, de 27 años, quien trabaja de día en Kafra pero se traslada a dormir junto a su esposa e hija a Siddiqin por motivos de seguridad y costos.

Fadel señaló que las detonaciones procedentes de la cercana región de Hadatha impiden el descanso nocturno de la población. Su propiedad original en Hadatha sigue siendo inaccesible por encontrarse dentro de la zona bajo control del Ejército israelí, lo que significó la pérdida de su taller de aluminio, una granja y un edificio de cuatro plantas destinado al arrendamiento.

Escepticismo ante los acuerdos internacionales y vías diplomáticas

A pesar de los esfuerzos internacionales por establecer una solución diplomática duradera, la expectativa de una retirada de las tropas a corto plazo es mínima entre la población local. Mientras algunos consideran que solo la presión sobre el terreno forzará un repliegue, otros temen que las operaciones sigan avanzando hacia nuevos sectores.

Entre los ciudadanos de mayor edad predomina el escepticismo respecto a la efectividad de las negociaciones, recordando que los desplazamientos forzados en la región comenzaron con la invasión de 1978, cuatro años antes de la fundación formal del grupo chií Hizbulá. Los residentes argumentan que el trasfondo del conflicto responde a disputas territoriales históricas que van más allá de la presencia de una organización en particular.

En Kafra, la cotidianidad permanece suspendida entre las labores de reconstrucción y el estado de alerta. Los habitantes deben trasladarse a municipios vecinos para abastecerse de alimentos básicos, mientras la falta de empleo y la inestabilidad mantienen los equipajes listos ante la posibilidad de un nuevo recrudecimiento de la violencia.

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