La diseñadora venezolana, Estefanía Sánchez (c), carga bolsas mortuorias para ser transportadas este lunes en Caracas (Venezuela). EFE/ Miguel Gutierrez

Estefanía Sánchez, una diseñadora venezolana que se formó en las escuelas de moda de París, jamás imaginó que su talento con la aguja terminaría volcado en la confección de bolsas mortuorias. Mucho menos que serían destinadas a las víctimas de un doble terremoto que ha devastado a Venezuela, cobrándose la vida de al menos 3.300 personas, según cifras oficiales.

«Cuando pasan estas tragedias, nunca te imaginas que vas a terminar haciendo esto. Siempre piensas en hacer algo que dé un poco más de esperanza (…). A nosotros nos llegó esta necesidad y ¿cómo decir que no?», relató Sánchez.

Personas trabajan confeccionando bolsas mortuorias en el taller de la diseñadora Estefanía Sánchez este lunes, en Caracas (Venezuela). EFE/ Miguel Gutierrez

Llamado de la emergencia

La iniciativa nació el pasado 27 de junio, apenas tres días después de los sismos. Una clienta llamó a Estefanía para alertarla sobre la crisis humanitaria en La Guaira: los familiares no podían retirar los cuerpos de las morgues debido a la escasez absoluta de bolsas para cadáveres.

Ante la urgencia, la diseñadora convocó a su equipo de costureras. En menos de 24 horas ya realizaban pruebas de resistencia, medidas y tipos de tela. Uno de los momentos más duros del proceso fue diseñar las fundas para niños, así como el instante en que la propia Estefanía tuvo que meterse dentro de una bolsa para comprobar si el material soportaba el peso humano.

El resultado final fue un diseño funcional y digno con tela antifluido y material impermeable con refuerzo para garantizar el aislamiento.

En su primera jornada, Estefanía, su madre, su tía y el equipo de costura lograron confeccionar 90 bolsas. Con el paso de los días, la iniciativa sumó donaciones ciudadanas que permitieron comprar más rollos de tela y suministros, los cuales se distribuyeron entre voluntarios y el propio personal del taller.

Una persona trabaja confeccionando bolsas mortuorias en el taller de la diseñadora Estefanía Sánchez este lunes, en Caracas (Venezuela). EFE/ Miguel Gutierrez

Proceso doloroso pero necesario

El impacto psicológico ha sido devastador para el equipo. «No es fácil ver a la gente a la cara sabiendo la situación que atraviesan, que tienen que ir a La Guaira a reconocer un cuerpo y que tú eres la que les está facilitando la bolsa», lamenta la diseñadora.

La confección también adquirió un tinte espiritual en el taller. Hilda Chacón, tía de Estefanía, recuerda cómo los primeros días el llanto inundaba el espacio de trabajo: «Trataba de rezarle a la bolsa y le decía: ‘Que en paz descanse'».

Con el tiempo y el aumento de la demanda, la rutina mitigó las lágrimas. Hasta la fecha, el taller ha canalizado más de 3.200 bolsas mortuorias, entre piezas confeccionadas textualmente por ellas y donaciones recibidas.

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